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lunes, 10 de junio de 2013

Cine y pantallas en España: ¿Dónde vemos las películas?


Si algo muestra el impacto de la digitalización en los mercados audiovisuales y en el consumo de los contenidos de ficción y entretenimiento es el cambio de modelo en la distribución, al que ya hemos hecho alusión anteriormente. Tal y como anunciábamos en el último artículo, ofrezco aquí algunos resultados parciales de un estudio que hemos llevado a cabo un grupo de profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra sobre las variaciones que las nuevas tecnologías han impuesto en la “dieta” del consumo de medios en España. En este caso particular, nos centraremos en la relación entre cine y pantallas; o, dicho con otras palabras, dónde preferimos ver y dónde vemos de hecho las películas (en las salas, en la televisión, en DVD o Blu-ray, o a través de internet), incluyendo las diferencias según algunas variables sociodemográficas (sexo, edad y nivel de estudios). Estos datos se basan en una encuesta original encargada al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en junio de 2012, sobre una muestra representativa de la población española.

¿Dónde vemos las películas?

La tabla 1 recoge los resultados a una primera pregunta básica: en qué soportes o pantallas solemos ver las películas, según un grado de frecuencia. Como se aprecia, la televisión sigue siendo el medio más usado por los españoles (50,9% de la población de nuestro país ve películas en este medio “a menudo” o “muy a menudo”), seguido por los ordenadores o dispositivos digitales (tabletas, videoconsolas, móviles) (20,7%) y el vídeo (19,1%). El cine se sitúa en último término, si  bien su presencia sigue siendo significativa (15,6%).

Fuente: Elaboración propia
En cuanto a las variables sociodemográficas, la encuesta revela que, desde el punto de vista del sexo, los hombres van más al cine que las mujeres y también son más proclives al consumo de películas a través de la red. Las mujeres, en cambio, son espectadoras más asiduas de películas en televisión. Con respecto a la edad, existe una correlación entre algunos segmentos de la población y la frecuencia de consumo de películas en algunas pantallas. Según la población envejece, disminuye la asiduidad al cine y al visionado de películas a través de dispositivos digitales. En cambio, no existen diferencias apreciables en lo relativo a la televisión o al DVD/Blu-ray, medios tradicionales en todos los hogares. Este hecho no deja de tener interés, porque explica la llamativa polarización del uso de ordenadores o dispositivos digitales de la figura 1 (ocupan  a la vez el segundo puesto de pantallas más frecuentes y el primero de las infrecuentes). En otras palabras, son los jóvenes quienes están marcando un nuevo modelo de consumo audiovisual, en el que internet tiene un papel muy significativo.

Por último, en cuanto al nivel de estudios, esta investigación muestra que existe una correlación entre el grado educación recibida (desde los que no tienen estudios o ha adquirido estudios elementales, hasta aquellos que poseen titulación universitaria) y el uso de determinadas pantallas. La población con mayor nivel de estudios acude más al cine y consume más películas en DVD/Blu-ray y a través de internet. En cambio, los españoles con estudios más elementales o sin estudios son los que más películas ven en televisión. Si tenemos en cuenta que el nivel de estudios suele mantener un paralelismo con el nivel de renta, se entiende que la realidad sea así. El cine sigue siendo la ventana más cara desde el punto de vista de la discriminación de precios en la explotación comercial; al mismo tiempo, disponer de determinados aparatos (DVD/Blu-ray, ordenador o tableta) suele indicar un determinado nivel de renta. En cambio, la televisión es mayoritariamente gratuita y se ha convertido en el aparato con mayor penetración en los hogares (96%).

¿Dónde preferimos ver las películas?

La tabla 2 ilustra los resultados a una segunda pregunta básica: en qué soportes o pantallas preferimos ver películas. En este caso, no tenemos en cuenta la realidad (dónde de hecho, vemos las películas) sino el gusto o preferencia (dónde nos gusta más verlas). Los resultados muestran un interesante contraste respecto de la primera tabla.

Fuente: Elaboración propia

El español medio no duda de que el mejor lugar para disfrutar de la experiencia cinematográfica son las salas de cine (89,9%), seguido de modo muy parejo por la televisión (60,2%) y el vídeo (59,3%). Los ordenadores y otros dispositivos digitales, si bien se aproximan al 50%, figuran como última opción desde el punto de vista de gusto o preferencia, lo cual –a nuestro juicio– es un claro índice de que, más allá de la portabilidad y la accesibilidad, el tamaño de la pantalla importa. De igual modo, la constatación de los cines como lugares preferidos explica –en nuestra opinión– que el descenso del número de espectadores, aunque constante, no haya sido tan dramático como el caso del consumo de vídeo, por ejemplo (ver artículo anterior).

Desde el punto de vista de las variables sociodemográficas, los resultados son parejos a los comentados en el caso anterior, si bien las diferencias son menores. Entre todas las ventanas, la televisión es la que muestra las mayores contrastes según sexo, edad y nivel de estudios, al hilo de lo expuesto en el anterior caso. En este sentido, las preguntas “qué pantalla te gusta más para ver películas” y “dónde ves películas” se identifican.

A modo de conclusión

En suma, esta encuesta refleja –a nuestro modo de ver– cómo el mercado audiovisual español –al igual que ocurre en otros países– se encuentra en medio de un cambio de paradigma, donde conviven todavía el modelo analógico y el digital. La migración será paulatina, porque depende sobre todo de unos hábitos de consumo adquiridos. En este sentido, la edad es a nuestro juicio la variable sociodemográfica fundamental. Dentro de no mucho tiempo, la mayoría de la población estará formada por los nativos digitales, acostumbrados a la portabilidad, la accesibilidad y la autogestión en el consumo de contenidos. El mantenimiento de las salas como lugares idóneo para gozar de la experiencia cinematográfica, la anunciada desaparición de la copia física (DVD-Blu-ray) y la conversión de la televisión en un negocio de consumo personalizado (fragmentación de audiencias) llevará a la bipolarización de mercados y contenidos ya comentado en otras ocasiones: por un lado, las salas de cine, para películas o eventos espectaculares; y por otro el entretenimiento doméstico (home entertainment), fusión de la televisión e internet, para el consumo familiar o personalizado.


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jueves, 30 de mayo de 2013

Consumo audiovisual en España: estudio comparativo de mercados


Iniciamos hoy una serie de artículos en el que abordaremos el consumo de películas en España, a través de las distintas ventanas o mercados (cine, vídeo, televisión e internet). La intención no es otra que valorar hasta qué punto está cambiando el paradigma del consumo audiovisual, a raíz de la digitalización y la implantación de las nuevas tecnologías.

Para ello, debemos comenzar con un análisis de la evolución de cada una de estos ventanas a lo largo de la última década. En el caso del mercado cinematográfico, se aprecia un decrecimiento imparable. Entre 2002 y 2012, el número de espectadores se ha reducido en un 37% (de 140,7 millones a 91,4), siendo esta caída más pronunciada en el caso de las películas extranjeras que en las españolas. De igual modo, la media anual de asistencia al cine por habitante ha pasado de 3,4 en 2002 (una de las más altas de Europa, por entonces) a 1,9 en 2012 (ver gráficas 1 y 2).

Fuente: ICAA


Fuente: Media Sallles


Por su parte, el mercado videográfico (DVD y Blu-ray) no ha corrido mejor suerte. La desaparición de la copia física y la actual coyuntura económica han llevado a una drástica caída en el volumen de facturación (gráfica 3), que ha pasado de 292,8 millones de euros en 2001 a 82,5 en 2012 (-71,8%), según datos de la SGAE. Resulta interesante observar cómo este descenso es más acusado en el caso del alquiler (-90,7%) que en la venta directa (-60,8%).

Fuente: Anuario SGAE

El mercado televisivo, desde el punto de vista del consumo, se consolida como el más boyante. Entre 2002 y 2012 ha crecido en un 16%, y en la actualidad el español medio dedica más de cuatro horas a ver televisión (gráfica 4). Conviene reseñar igualmente que, entre los diversos tipos de contenidos, la ficción (películas y series) ocupa un lugar preferente en tiempo de emisión, como recoge la gráfica 5. La cara oscura, no obstante, es el dramático descenso de los ingresos publicitarios a lo largo de este mismo período, que ha puesto a las cadenas en una delicada situación económica.

Fuente: Kantar Media


Fuente: Kantar Media

Finalmente, en relación al mercado online, el porcentaje de usuarios de internet no ha dejado de crecer durante esta última década, pasando del 40% de la población española en 2004 al 70% en 2012 (véase gráfica 6). Según el último barómetro CIS sobre nuevas tecnologías (junio de 2012), el 41,8% de los internautas utilizan la red para descargar música, películas y vídeos, y el 14,4% para ver televisión. Con todo, las cifras de facturación por consumo online de películas son todavía muy modestas, aunque su crecimiento es exponencial. Según Screen Digest, superará los 12 millones de euros en 2012, siendo la modalidad de alquiler la más popular (gráfica 7).

Fuente: INE
Fuente: Screen Digest

El dibujo que ofrece el panorama español no difiere mucho de lo que ocurre en otros países de su entorno. Nos encontramos todavía en los años de transición entre un modelo y otro, donde conviven diferentes hábitos de consumo ligados al relevo generacional. Aparte, los mercados analógicos tradicionales, basados en la distribución de copias físicas (cine y vídeo) o en la venta de publicidad sobre esquemas de programación rígidos (televisión) se encuentran ya dando pasos hacia nuevos modelos de negocio, más acordes con la fragmentación de audiencias y el consumo personalizado.

En los próximos artículos ofreceremos los resultados de una encuesta que hemos realizado sobre el consumo de películas a través de diferentes pantallas en nuestro país y, a raíz de ello, comentaremos otros temas de interés como la piratería y el potencial del mercado online.



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lunes, 29 de abril de 2013

El Manifiesto Netflix


Lleva apenas unos días circulando por la Red y ya es un hot topic en Hollywood. Me refiero al documento de once páginas elaborado por Reed Hastings, CEO de Netflix y titulado “Netflix Long Term View”, que ha recibido un importante eco mediático. No en vano, esta compañía fundada por Hastings y Marc Randolph en 1997 se ha consolidado como una pieza clave en el panorama televisivo de Estados Unidos –y con intención de serlo en el mundo entero–. En el primer trimestre de este año, este videoclub virtual logró superar a la HBO en número de suscriptores en el mercado nacional (más de 29 millones).



En síntesis, este texto de carácter profético acerca del futuro del entretenimiento doméstico –hasta ahora dominado por los canales televisivos convencionales (por TDT o cable)– pronostica la implantación del modelo “televisión en todas partes” (TV Everywhere) mediante tres afirmaciones: en primer lugar, la TV convencional será reemplazada por la TV online (Internet TV); en segundo término, las aplicaciones (apps) reemplazarán a los canales convencionales, se multiplicarán las pantallas y los móviles sustituirán a los mandos a distancia; y, finalmente, el éxito de Internet TV en Estados Unidos está siendo liderado por unas pocas compañías, entre las que se encuentran Netflix, HBO y ESPN.

En este artículo comentaremos algunas de las cuestiones más relevantes de lo que ya puede denominarse El Manifiesto Netflix.

El futuro de la TV está en internet

  A comienzo de este documento, Hastings resume en diez puntos la ventaja competitiva de internet como la plataforma idónea para los contenidos de entretenimiento:

1. Internet está creciendo de modo más rápido, fiable y accesible.
2. Aumentan las ventas de Smart TVs, que incluyen aplicaciones y conexión wi-fi.
3. Los adaptadores para Smart TV (tipo Apple TV o Roku) son cada vez más económicos y mejores.
4. Aumenta el visionado de contenidos a través de tabletas y móviles.
5. Las tabletas y los móviles se convertirán en la interfaz de nuestros televisores.
6. Las aplicaciones para Internet TV mejoran con rapidez y se actualizan constantemente.
7. La calidad 4k se generalizará antes en Internet (streaming) que en los aparatos de TV.
8. La vídeo-publicidad estará mejor personalizada en internet y será mucho más relevante para los anunciantes.
9. La TV Everywhere se realizará mediante una conversión paulatina del modelo de negocio para las cadenas actuales.
10. Los nuevos competidores como Netflix tienen mayor capacidad de innovar constantemente

             Lo que subyace bajo este decálogo es la constatación de un fenómeno ligado a los nuevos hábitos de consumo televisivo: “A la gente le encanta la televisión y de hecho pasamos miles de millones de horas frente al televisor –afirma Hastings–. Sin embargo, al espectador no le gusta tener que estar sujeto a una programación, en una sola pantalla y manejar mandos a distancia complicados. Encontrar los buenos programas no resulta fácil ni cómodo”. Y esto es lo que vienen a ofrecer plataformas como Netflix.

La fórmula Netflix

            ¿Cuál ha sido el secreto de este éxito? El mismo Hastings lo revela en su manifiesto. Podríamos sintetizarlo en cinco puntos:



1) Sencillez, comodidad, flexibilidad: el modelo Netflix se basa en un principio muy básico: pensar siempre en el modo más sencillo y cómodo para el espectador o usuario. Así, sólo existe la opción de suscripción por una tarifa plana al mes (unos 8 dólares), a cambio de toda la flexibilidad imaginable para ver los contenidos (incluso, en el caso de las series, ver todos los capítulos de la temporada seguidos).

2) Marca asociada a calidad: el suscriptor de Netflix sabe que puede encontrar las mejores películas o series a su disposición, e incluso contenidos propios (series exclusivas, como House of Cards). La empresa de Hastings invierte más de 2.ooo millones de dólares al año en adquirir derechos y en producir sus propios contenidos.

3) Continua mejora técnica: la calidad no sólo depende de los contenidos sino del modo de “experimentarlos”. Netflix dedica anualmente 350 millones de dólares al año en mejorar su servicio y su aplicación, mediante el impulso de la banda ancha.

4) Inversión en marketing: Netflix es consciente de que ha creado una comunidad de usuarios, de la que ser miembro debe considerarse un privilegio. Esta empresa destina 450 millones de dólares anuales para lograr nuevos suscriptores. Además, se sienten especialmente orgullosos de la eficacia de su marketing personalizado, que no resulta abusivo ni invasivo para el espectador.

5) Expansión internacional: en los últimos años, Netflix ha desembarcado en nuevos territorios y continuará haciéndolo paulatinamente: Canadá (2010), Latinoamérica (2011), Reino Unido, Irlanda y los países escandinavos (2012). Su objetivo es convertirse en una plataforma mundial. “Una de las razones por las que invertimos tanto en nuestra expansión internacional –asegura Hastings– es porque creemos que, una vez que el mercado del vídeo (a la carta) ha alcanzado rentabilidad y tamaño en un mercado (entre el 20%y el 30% de los hogares), es muy probable que ese nivel de beneficio se mantenga durante muchas décadas”.

Enemigos, competidores y aliados

           Toda fórmula de éxito tiende a imitarse, y más en un mercado que es tremendamente competitivo. “Competimos de manera muy amplia por el tiempo y el gasto de consumo de nuestros suscriptores –comenta Hastings–. En los años venideros, las distintas formas de entretenimiento van a mejorar, y los consumidores podrán elegir entre una oferta más variada (…). La piratería y las ofertas de pago por visión son los únicos competidores que pueden hacernos sombra”.

    En su manifiesto, Hastings distingue entre “competidores de tiempo” y “competidores de contenido”. Los primeros son aquellas múltiples ofertas de ocio (desde videojuegos a canales deportivos) que pelean por el tiempo y bolsillo del consumidor en otros terrenos diferentes a la ficción audiovisual; los segundos, son otras plataformas y canales de pago que ofrecen el mismo tipo de entretenimiento (películas y series de televisión). Para Netflix, entre estos últimos se encuentran HBO, Amazon/Lovefilm/Prime Instant Video, Hulu, Now TV y muchos canales de cable en distintos territorios.

          Por el contrario, el responsable de Netflix se congratula de la “productiva relación” que su compañía tiene con las empresas proveedoras de internet (Internet Service Providers o ISP), en especial para la implantación de la banda ancha. “Cuanto más exitosos seamos –señala Hastings–, más importantes seremos para las ISP. Y lo que es un interés común es que nuestros suscriptores experimenten los beneficios de la mayor velocidad por internet que estas empresas puedan ofrecernos”.

El futuro de la revolución Netflix

      La revolución Netflix es comparable a la revolución iTunes. Si hace una década el éxito del sistema de venta online de Apple (en especial de música, películas y series) hizo estallar por los aires el status quo de una industria anquilosada y aceleró el cambio de la mentalidad analógica a la digital, otro tanto parece suceder con este videoclub virtual que se ha convertido no sólo en un canal televisivo más, sino en productor de sus propios contenidos.



        Varios de los principios que Netflix ha puesto en práctica fueron enunciados hace más o menos tiempo –véase , por ejemplo, los expuestos por Chris Anderson en relación a los Long Tail markets o por Michael Gubbins en su informe Digital Revolution: The Active Audience–. Otras grandes firmas han tratado de ponerlos en práctica sin tanto éxito. Sin embargo, el futuro de Netflix puede estar condicionado a su éxito más de lo que Hastings imagina. Como algunos expertos han puesto de manifiesto, en el ámbito de la innovación, es propio de las empresas pequeñas y noveles arriesgar en busca de nuevas fórmulas, mientras que las grande compañías se dedican a mirar desde un paso más atrás. Al fin y al cabo, el porcentaje de errores es mayor que el de aciertos. Y cuando alguna encuentra algo parecido a una piedra filosofal, enseguida es engullida por uno de los grandes. Bien podría pasar lo mismo con Netflix y cualquiera de las majors de Hollywood.


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