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jueves, 24 de abril de 2014

Piratería en España: ¿volvemos a la lista negra?

            La publicación a comienzos de este mes del último informe del Observatorio de Piratería y Hábitos de Consumo Digitales sobre el tráfico ilegal de contenidos audiovisuales por internet en nuestro país (datos de 2013) ha levantado ampollas. Al parecer, la situación ha empeorado con respecto al año pasado.


            El informe, encargado por La Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, se basa en una encuesta a internautas –con edades comprendidas entre los 11 y los 74 años– realizada por la consultora GfK con captación personalizada a partir de una base de 50.000 panelistas (no se especifica el tamaño concreto de la muestra). Estos son algunos de los datos más relevantes:
  • El 84% de todos los contenidos culturales adquiridos en España es pirata.
  • El 51% de los internautas declaran acceder a productos de forma ilegal. En concreto, el 43% declara piratear películas, el 28% música, el 15% libros y el 10% videojuegos.
  • La mitad de los accesos ilícitos tienen que ver con novedades. En concreto, en el caso de películas, el 31,2% las piratea entre el estreno en cine y en DVD/Blu-ray, y otro 25,5% a lo largo del primer año de lanzamiento al mercado.
  • Sobre los motivos por los que se piratea, 7 de cada 10 afirma hacerlo para no pagar; 6 de cada 10, por la incertidumbre de satisfacción (porque no saben si les gustará o no el contenido); 5 de cada 10 piratea más desde la subida del IVA.
  • El 25% piratea por costumbre, porque lo hace todo el mundo, y porque piensan que no hay consecuencias para la industria ni para quienes lo facilitan.
  • Un 60% accedería a los contenidos de forma legal gratuita a cambio de publicidad; solo un 20% estarían dispuestos a pagar.
  • Sobre la dimensión económica y laboral de la piratería en España, estos son los datos más relevantes: el valor total del lucro cesante por la piratería supera los 1.300 millones de euros; equivale a perder 26.600 puestos de trabajo y supone una pérdida de 526 millones de euros para las arcas públicas.


¿Por qué seguimos pirateando tanto?

            Desde luego, los datos son preocupantes, máxime cuando ya llevamos unos años de campañas de concienciación, de legislaciones disuasorias y de algunas acciones legales contundentes. La pregunta que está en la mente de todos es por qué continuamos pirateando tanto. La respuesta no es unívoca, y exige un examen de conciencia por parte de las tres partes implicadas: los consumidores (usuarios), la industria (productores, distribuidores y canales de venta), y el gobierno (medidas legales).

            Respecto de los usuarios-consumidores, el informe mencionado incluye revelador conjunto de motivos (tabla 1) entre los que destacan los de índole económica y práctica. Así, entre un 70% y un 73% (el primer porcentaje corresponde a la media y el segundo a los considerados “piratas más activos”) confiesan que encontrar un contenido demandado a coste cero es un gran aliciente –un ejemplo del perverso mecanismo psicológico que equipara “disponibilidad o posibilidad” a “moral o legalmente aceptable”. Un 59%-69% señalan la facilidad y rapidez de acceso, y un 24%-35% declaran una imperiosa necesidad de verlo cuanto antes.

Tabla 1
Fuente:  GfK y Observatorio de Piratería   


            Lo anterior se completa con las respuestas recogidas en la tabla 2, acerca de posibles alternativas a la piratería. Como se aprecia, un 60% se mostraría dispuesto a consumir esos contenidos audiovisuales de manera gratuita a cambio de insertar publicidad, un 17%  estaría dispuesto a comprarlo y un 13% a alquilarlo.

Tabla 2
Fuente:  GfK y Observatorio de Piratería 

            Me detengo en estos puntos porque, en mi opinión, aluden a los principios básicos del consumo online, que coinciden con las demandas del nuevo perfil de consumidor, es decir, del consumo personalizado: capacidad de ver lo que quiero (oferta de calidad), cuando quiero (explotación simultánea), como quiero (facilidad y accesibilidad), donde quiero (variedad de dispositivos) y a un precio razonable. Aquí comienzan ya algunas reflexiones, porque en nuestro país no existe todavía una suficiente oferta legal de los contenidos más demandados –películas y series norteamericanas– (Netflix  sigue sin aterrizar), y lo referente al cine español no acaba de despegar (Filmin y Filmotech). Al mismo tiempo, los exhibidores se muestran reacios a variar la actual secuencia de ventanas y por tanto, se oponen al estreno simultáneo en internet y en la gran pantalla. Y para terminar, no siempre el precio se considera razonable o competitivo, ni se aplica la discriminación de precios entre las películas (todas valen lo mismo, con independencia de su coste o de su atractivo en el mercado).

       La llave para solventar esta la tienen los representantes de la industria y del gobierno, que deben llevar a cabo una acción coordinada y consensuada, tal y como reclamaba no hace mucho Juan Carlos Tous, director de Filmin, en las página de El País. Sin embargo, también queda mucho por hacer a la hora de educar a los consumidores. Es preocupante que el informe al que venimos aludiendo refleje que entre un 26% y un 33% de los internautas sigan pensando que el intercambio de contenidos no es una actividad ilegal o censurable; que un 21%-27% piense que no hace daño a nadie; o que un 17%-20% crea que no perjudica a ninguna industria (vid. tabla 1).

¿Son eficaces las medidas contra la piratería?

            Resulta curioso observar las respuestas de los internautas encuestados acerca de qué medidas consideran más eficaces contra la piratería. Como muestra la tabla 3, el 68,2% considera eficaz o muy eficaz el cerrar el acceso a las webs piratas, y el 60,2%, la sanción a los proveedores de contenidos ilegales. Al mismo tiempo, más del 50% piensa que las campañas son eficaces, pero –según hemos visto–, la piratería ha crecido en nuestro país. Igual de paradójico resulta que más de la mitad considere eficaz multar a los usuarios infractores, cuando suele producirse un clamor social en su defensa (las veces en que esto se ha tenido lugar).

Tabla 3
Medidas antipiratería
Fuente:  GfK y Observatorio de Piratería

Lex, sed dura lex?

            Lo anterior nos lleva a plantearnos en qué medida la afamada Ley Sinde (ahora Sinde-Wert) ha logrado los efectos deseados en este tema y hasta qué punto el proyecto de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) del actual ministro Wert será eficaz. Para la directora de La Coalición de Creadores e Industria de Contenidos, Carlota Navarrete, todavía queda camino que recorrer: “Desde las industrias de contenidos queremos trasladar que el modelo que se puso en marcha con la Ley Sinde y se implementó con el reglamento que empezó a caminar el 1 de marzo de 2012 ha dado unos resultados terriblemente escasos. En esos dos años, ese modelo, que apoyamos y por el que apostamos, lejos de solventar problemas ha consolidado unos resultados insuficientes”, asegura. Y con respecto a la nueva LPI, fuentes de este organismo aseguran que “no garantiza la eficacia en la lucha contra la piratería ni proporciona seguridad jurídica a las industrias culturales”, y aunque valoran el intento del Gobierno de proteger la propiedad intelectual, creen que “no se apuesta por las herramientas más eficaces para la retirada de contenidos ilícitos en internet”.  De momento, el propio ministro de Educación, Cultura y Deporte reconoce que la nueva LPI “no va a resolver la piratería, porque los problemas de la piratería no son sólo problemas nacionales: los alojadores de estos contenidos ilícitos no están en el ámbito jurisdiccional”. Así pues, como detallan algunas voces críticas, la LPI puede llegar a ser inoperante.

La “lista 301”

            En su momento, el ministro José Ignacio Wert aseguró que estaba dispuesto a hacer todo lo que estuviera de su mano para  “España no podía ser la Somalia de la propiedad intelectual”. De hecho, gracias a los esfuerzos de su predecesora en el cargo y a él mismo, España fue eliminada temporalmente de la famosa “lista 301” elaborada por el gobierno norteamericano. Sin embargo, a comienzos de año –antes de que se conociera el último informe del Observatorio de la Piratería–, la Alianza Internacional de la Propiedad Intelectual (IIPA, por sus siglas en inglés), recomendó a la Administración Obama a comienzos de este año mantener a nuestro país en observación para comprobar su grado de compromiso con la propiedad intelectual. En opinión de la IPAA, aunque España está llevando a cabo “cambios que si se adoptan y se implementan con efectividad podrán cerrar lagunas legales que durante años han evitado a las autoridades y aquellos que quieren hacer valer sus derechos tomar acciones significativas contra la piratería digital”, al mismo tiempo critica la labor de la Comisión de Propiedad Intelectual (CPI), establecida en 2011, por su inoperancia en algunos frentes como la venta en las calles y la ausencia de mano firme para llevar a cabo “acciones expeditas y de disuasión”.

            A resultas de lo revelado por el último informe del Observatorio de la Piratería, es muy probable que volvamos a ser incluidos en el listado de “países que no respetan la propiedad intelectual” (junto China, Rusia, Argentina, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Ecuador o Italia). Para evitarlo, hará falta un importante golpe de mano, y algunas de esas acciones expeditas y disuasorias que tanto les gustan a los americanos cuando se trata de proteger sus propios intereses –aunque, reconozcámoslo, también están en juego los nuestros. De hecho, en estos meses se han producido avances significativos en materia penal, aunque queda todavía mucho camino por recorrer.
             
La solución, entre todos

            Como hemos comentado en otras ocasiones, la lucha contra la piratería exige una estrategia coordinada en tres frentes: la educación del consumidor para superar el déficit cultural de respeto a la propiedad intelectual, la flexibilidad de la industria para adaptarse a las nuevas demandas del consumo personalizado, y el compromiso del gobierno por implantar normas legales que sean eficaces. La batalla será ardua y lenta, pero puede ganarse, como está ocurriendo en otros países. Internet es el mercado del presente –y mucho más del futuro–. El principal impedimento para consolidar modelos de negocio rentables es la piratería. En nuestras manos está.


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miércoles, 19 de febrero de 2014

Consumo de películas en Europa (y 3): retos del cine europeo

            Concluyo con este artículo –a falta de hablar más adelante del caso español mi comentario– del informe A Profile of Current and Future Film Audiovisual Audience, promovido por el programa Europa Creativa. En las dos entregas anteriores hemos presentado sus principales hallazgos y aportaciones. Nos centraremos ahora en sus conclusiones.



         La nota de prensa publicada con motivo de la presentación de este estudio, ofrece el siguiente resumen conclusivo: Cerca del 70 % de los europeos descargan o ven películas en línea de manera gratuita, legal o ilegalmente. A ello se une que el 40 % de los que poseen teléfonos inteligentes y más del 60 % de los que tienen tabletas ven películas en esos dispositivos. Según los autores del informe, este hecho no resulta sorprendente, ya que, si bien el público europeo en general muestra un gran interés por el cine (sea de la nacionalidad que sea), la sala más próxima a menudo se encuentra a cierta distancia y la oferta de películas suele ser bastante limitada. Sugieren, además, que la industria cinematográfica europea podría aumentar sus ingresos explotando diferentes tipos de plataformas en línea, con ánimo de lucro, que ofrecieran más películas y permitieran llegar a un público más amplio.

            En otras palabras, lo que este estudio revela –con las limitaciones estadísticas ya señaladas– es que, para el público europeo (comprendido entre los 4 y los 50 años), las películas siguen siendo una forma favorita de entretenimiento. Por ello mismo, tendemos a verlas tanto a través de los canales convencionales como de los alternativos (por no utilizar la nomenclatura “legales” vs “ilegales”). En consecuencia, se aboga por la existencia de un mayor número de plataformas legales a través de internet que amplíen la oferta cinematográfica, cumpliendo con las reglas de este nuevo mercado (amplio catálogo, precio competitivo y consumo personalizado). Además, el informe deja claro que el público europeo posee un gusto cinematográfico amplio, que no desprecia el cine nacional o europeo, aunque prefiera el norteamericano. Siendo esto así, ¿dónde se plantean los principales retos para la industria cinematográfica europea? En su última sección, el informe destaca tres desafíos del cine europeo desde el punto de vista de mercado en los que conviene seguir trabajando: a) mejorar la accesibilidad o disponibilidad de películas europeas; b) aumentar su visibilidad; c) continuar el esfuerzo por entender el comportamiento del público cinematográfico europeo.

Accesibilidad o disponibilidad: mejorar la oferta

        La pregunta de partida es la siguiente: ¿está disponible la película que los espectadores desean ver en el medio (dispositivo) y en el momento en que desean verla? Si bien el informe revela que en los hábitos de consumo todavía priman a las ventanas tradicionales (cine, DVD y TV), el vídeo-bajo-demanda (VOD) a través de internet (descargas o streaming) se posiciona como un mercado emergente e imparable. Gran parte de los encuestados aseguran que optan por estos canales alternativos (gratuitos o piratas) porque la película no está disponible en las ventanas tradicionales cuando ellos desean verla o consideran su precio excesivo. De aquí se deduce la inadecuación del mercado actual a los nuevos hábitos de consumo (con sus correspondientes exigencias) del espectador europeo.


            Aquí vendría una segunda pregunta: ¿Cómo puede aumentarse la oferta (legal) de películas europeas en todas y cada una de las ventanas? El informe incide en unas cuestiones y obvia otras. Por ejemplo, destaca el problema de la fragmentación lingüística –fácilmente solucionable gracias a las posibilidades de múltiple doblaje o subtitulado de los nuevos formatos–, la lacra de la piratería, la necesidad de aprovechar las sinergias e la distribución multiplataforma, etc. En mi opinión, la respuesta a esta pregunta no puede ser unívoca, sino adaptada a cada uno de los mercados. En aquellos mercados que dependen de copias físicas (cines y videoclubs o grandes superficies), la situación probablemente no mejore o cambie con respecto a lo que hemos visto estos años. Por un lado, nos encontramos las limitaciones del número de salas o pantallas (cines), o del espacio disponible (videoclubs o grandes superficies). Junto a ello, debe tenerse en cuenta el papel de los distribuidores como gatekeepers (puertas de acceso al mercado). Estas limitaciones desparecen, en cambio, en el mercado virtual, donde el principal escollo es la piratería. Combatirla no es tarea imposible (batallas mayores –como la del tabaco– se han ganado), pero se precisa una acción multilateral (política, cultural y legal) a largo plazo, sobre la que está trabajando la Unión Europea. En este sentido, los autores del informe sugieren promover plataformas VOD paneuropeas, que aseguren la presencia de títulos de todas las cinematografías del Viejo Continente. Como idea, no está mal. Sin embargo, su viabilidad parece inevitablemente ligada al subsidio público, al estilo de otras iniciativas como Europa Cinemas o Europa Distribution.

        Dentro del desafío sobre la accesibilidad o disponibilidad de películas europeas, el informe invita al replanteamiento de la actual secuencia de ventanas y aboga por la flexibilidad, dependiendo de los diferentes tipos de películas. De igual modo, incide mejorar la circulación de películas europeas dentro del territorio continental y sugiere promover los estrenos paneuropeos, con idea de consolidar la audiencia “global” europea y reducir los efectos de la piratería. Todas estas propuestas son interesantes –en especial, la primera–. El debate sobre el rediseño de la secuencia comercial ha sido una constante en los últimos años, y todo apunta a que cambiará en breve, tras vencer la resistencia de las ventanas tradicionales, en especial, de las salas de cine. El sistema actual, basado en la discriminación de precios según la novedad-exclusividad carece de sentido. Quien manda es el consumidor, que no quiere sujetarse a esquemas temporales rígidos o a precios únicos. En cuanto a la circulación de películas europeas, el informe no menciona un factor clave, como es la concentración del sector de la distribución, ni aborda con suficiente detalle la necesidad de que el cine europeo logre un adecuado equilibrio entre los aspectos culturales y los comerciales. Finalmente, la idea de un estreno paneuropeo tiene gran sentido en un mercado regional que es cada vez más global y unitario.


            Por último, dentro de este apartado, el estudio insiste en la necesidad de establecer un modelo de negocio sostenible en internet –el principal mercado del futuro–, combinando una oferta atractiva, unos precios competitivos y un consumo personalizado. En este punto, el informe no hace sino seguir las directrices bien conocidas de los mercados agregados (long tail markets). Sin embargo, no oculta la dificultad de vencer la piratería: “La piratería está muy arraigada: una vez establecida resulta difícil de erradicar. Cuanto más tiempo se ha estado viendo películas de forma gratuita, más difícil resulta convencerse de que hay que pagar”.

Visibilidad: mejorar el marketing

            La accesibilidad de las películas europeas está muy ligada a su visibilidad. De ahí que el informe se pregunte: ¿Cómo puede resultar más fácil de encontrar los títulos europeos? ¿Cómo puede incentivarse un mayor gasto en publicidad o en una mejor programación del cine europeo? En este apartado, el estudio se mueve en dos niveles: el primero está marcado por iniciativas concretas, como poner en marcha una base de datos gratuita sobre películas europeas, que incluya toda la información que el público cinéfilo busca (incluyendo tráilers, enlaces a sus propias webs, etc.); o una plataforma de preestrenos europeos, que sirva a los distribuidores para “testear” una película antes de su lanzamiento; o un mejor aprovechamiento de las redes sociales y de canales propios en Vimeo, YouTube, etc.



            Un segundo nivel estaría marcado por iniciativas en la educación y en la distribución. En el primer aspecto, el estudio sugiere la creación de una plataforma educativa fílmica paneuropea, que ayude a mejorar la alfabetización audiovisual y desarrolle un gusto por el cine de nuestro continente (entre los resultados más originales de este estudio, se encuentra la relación proporcional que existe entre educación cinematográfica y porcentaje de películas europeas vistas). Con respecto a la distribución, se aboga por campañas paneuropeas de concienciación cinematográfica (algo similar a las campañas antipiratería) y a las campañas paneuropeas de distribución de un mismo título, referidas anteriormente.

Conocer al público: investigación de mercado

           El último reto que concreta este informe en su apartado final tiene que ver con la investigación continua del comportamiento del espectador (o consumidor) cinematográfico europeo. No es de extrañar la incidencia en este aspecto, ya que una de las consultoras que han intervenido en la elaboración de este estudio –Attentional– está especializada en el análisis de audiencias, combinando las neurociencias y la psicología evolutiva para determinar las claves psicológicas en el consumo. De ahí su interés por determinar distintos perfiles de espectadores/consumidores, averiguar patrones de comportamiento o establecer las motivaciones e intereses que mueven a ver un tipo de cine u otro, y hacer todo ello de una manera regular y sistemática.

            Desde luego, la investigación de mercado y del comportamiento del público es de sumo interés  –como en cualquier otro negocio o actividad empresarial–. Como ya hemos indicado en el primer artículo de esta serie, este estudio representa un primer y loable esfuerzo por avanzar en el conocimiento del mercado cinematográfico europeo, aunque sus limitaciones estadísticas y metodológicas hacen de él un instrumento parcialmente útil. Los propios autores son conscientes de ello y se muestran abiertos a recibir sugerencias para mejorarlo en el futuro. Confiemos en que así sea.

Una tarea de todos

            El primer paso para cambiar una tendencia en un diagnóstico acertado. Según recogía la nota de prensa a la que nos referíamos al principio, “uno de los principales objetivos de Europa Creativa es aumentar la demanda de películas, a fin de mejorar su distribución a través de las fronteras y llegar a nuevos públicos en Europa y fuera de ella. La finalidad del estudio es ayudar a los responsables políticos de toda Europa a intensificar la eficacia de sus políticas e iniciativas culturales”. Por su parte, la Comisaria Europea de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, Androulla Vassiliou, afirma: “el estudio confirma que la industria cinematográfica europea no está aprovechando al máximo su potencial para llegar a nuevos públicos ni capitalizando los acuerdos transfronterizos. Animamos a los cineastas a que aprovechen al máximo la financiación concedida a través de Europa Creativa, el nuevo programa de la UE para los sectores cultural y creativo, y, en particular, su subprograma MEDIA. Su apoyo a la distribución y a la elaboración de películas puede ofrecer a los realizadores nuevas perspectivas, que enriquecerán la diversidad cultural de Europa y permitirán que un número mayor de espectadores accedan a películas de gran calidad”.



         Quizás estas palabras adolezcan de cierta declamación política e institucional, pero no por ello dejan de apuntar  algunos de los desafíos más urgentes del cine europeo. Superarlos es tarea de todos: de los políticos (policy makers), en cuanto que son responsables de establecer el marco audiovisual adecuado, a nivel europeo; de los profesionales del sector (practitioners), que deben realizar películas que resulten atractivas para el público sin perder por ello su aportación cultural; y de los propios consumidores (audiences), que deben educar su gusto cinematográfico y asumir que no todo tiene porqué ser gratis en internet.

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