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viernes, 16 de mayo de 2014

Ocho razones para el fenómeno cinematográfico del año

            Sin lugar a dudas, Ocho apellidos vascos ha marcado un hito en la historia de nuestro cine y se ha convertido en un fenómeno popular sin precedentes. Esta comedia, escrita por Borja Cobeaga y Diego San José, y dirigida por Emilio Martínez Lázaro, ha pulverizado todos los récords de una producción española: el más reciente, mantenerse durante 9 semanas consecutivas como la película más taquillera en nuestro país, igualando a Avatar (2009). Según datos de Rentrak Spain, el pasado fin de semana sumó 1,2 millones de euros y acumula más de 52 desde su estreno. En cuanto a número de espectadores, con 8,8 millones, es la tercera más vista en España, solo por debajo de Titanic (10,8 millones) y Avatar (9,2). A esto se suma la de ser la película española más exitosa de todos los tiempos, sobrepasando a Lo imposible (tablas 1 y 2).



            El hecho de que algunas comedias locales se encaramen en los más alto de la taquilla de un determinado no es un fenómeno nuevo en Europa. Ahí tenemos el caso de Bienvenidos al Norte en Francia o el de Sole a catinelle en Italia. Al fin y al cabo, a todos nos gusta reírnos de nosotros mismos y el público demanda comedias autóctonas.

Fuente: Elaboración propia

Fuente: Elaboración propia

            Hay un cierto consenso en afirmar que Ocho apellidos vascos no es una gran película –en el sentido más cinematográfico del término–. Sin embargo, parte de un guion bien trabado y divertido, que maneja con tiento y simpatía un humor estereotipado. La sorpresa viene cuando una comedia de estas características alcanza una dimensión social y mediática inesperada, y se convierte en todo un fenómeno popular. ¿A qué se debe semejante éxito? Aludiendo a la cifra mágica del título, expongo a continuación ocho razones que explican el éxito de esta película (extraigo varias declaraciones de un interesante artículo del Diario Vasco).

1) Comedia en tiempos de crisis: reírse de uno mismo

            El cine siempre ha actuado como eficaz remedio terapéutico ante la cruda realidad, y más si es a base de carcajadas liberadoras. La actual coyuntura económica puede haber sido un caldo de cultivo idóneo para que esta simpática historia de tópicos bien llevados encontrara eco. Así lo comenta Concha Caballero, profesora de Lengua y Literatura en Sevilla, y articulista de El País: “Tenemos ganas de reírnos, tenemos ganas de reconciliarnos, tenemos necesidad de vernos en un espejo que no esté enturbiado, tenemos deseos de salir del Apocalipsis continuo. El País Vasco y Andalucía eran dos escenarios ideales, aparentemente contradictorios pero que tienen algo en común… hemos aprendido a reírnos de nuestros problemas. En Andalucía, especialmente, tendemos a desdramatizar los conflictos. ‘Sufre, pero no dramatices’, nos decimos algunos en broma”. Y añade en particular sobre la película: “Pensaba ir a verla porque todo el mundo me la recomendaba.. aun diciéndome que no se trataba de ninguna obra maestra. Pero en realidad fui a verla porque tenía que escribir mi artículo semanal para El País (…). Fui el jueves de Semana Santa, que en Sevilla es superfiesta en la calle. El cine estaba desierto. No había un alma en ninguna sala, pero la que proyectaba Ocho apellidos estaba a reventar. Y las carcajadas se escuchaban hasta en la calle”.


            Por su parte, José Luis Rebordinos, director del Festival de Cine de San Sebastián, apunta: “No es fácil explicar un éxito de estas dimensiones. La sociedad española en general, y la vasca en particular, tiene ganas de relajarse, de poder reírse un poco de sus problemas, de las cosas que le afectan directamente... de sí misma”. También Karra Elejalde, que realiza una soberbia interpretación, apunta: “Cuando tienes una patología, es sano y pedagógico, muy positivo y cauterizador, reírse de ese mal, de nosotros mismos; (…) en el contexto del humor, uno puede bromear con todo (…) y quien quiere buscarle más vueltas a los chistes, se está confundiendo”.

            El caso es que los españoles hemos dado muestras de reírnos de nosotros mismos a menudo –basta con recordar la saga Torrente–. Quizá por ello mismo llame la atención el éxito de una comedia de tono menos “casposo”.

2) Tipo de humor: cómo acertar con los estereotipos

            Más allá del género, Ocho apellidos vascos sale airosa del difícil arte de manejar estereotipos con gracia y salero, y ofrecer un retrato amable y simpático –salvo algún que otro apunte de sal gruesa y una excesiva concentración de expresiones un tanto irreverentes (que forman parte de tópico). Lo explica bien Joxean Fernández, Director de la Filmoteca Vasca y responsable del comité rector del Festival de Cine de San Sebastián: “Hay numerosos ejemplos de películas en las que los estereotipos estirados hasta el absurdo han dado lugar a comedias con muy buenos resultados. La utilización inteligente de estereotipos como fuente de humor me parece muy sana; cuando son utilizados para favorecer los prejuicios me parecen detestables. Sobra decir que Diego San José y Borja Cobeaga, los guionistas, son muy inteligentes”. Y añade: “La distancia entre lo que nos hemos reído en el cine de ‘lo vasco’ y lo que nos habríamos podido reír es realmente enorme, así que había mucho terreno por recorrer. En la televisión ya se habían podido transitar algunos de estos caminos porque sus mecanismos de funcionamiento son muy diferentes”.


            Es difícil encontrar más tópicos juntos, y sin embargo la historia provoca hilaridad de norte a sur, y de este a oeste. Se ha comentado que el humor lleva la marca de Vaya Semanita, y así es gracias a los guionistas, curtidos en ese famoso programa de la ETB2. Para Rebordinos, se trata de “una película muy blanca, con un humor muy bonachón, que se ríe de sus personajes, pero que les quiere un montón”. El humor es, desde luego, bienintencionado, y se nota –aunque hubiera mejorado a mi entender con una mayor contención verbal, en algunos casos. En cualquier caso, el secreto está en el guion, un libreto francamente divertido.

3) Guion, guion y guión

            Por alusiones, debemos hablar de los dos talentos vascos que firman el guion, Cobeaga y San José, que han escrito juntos otras dos películas que ha dirigido el primero, Pagafantas (2009) y No controles (2010). Se aprecia la complicidad que existe entre ambos, y la continuidad del tipo de humor entre Ocho apellidos y estas otras películas.

            “A Diego San José, con quien escribo siempre, y a mí nos encargaron hacer una comedia regional, una comedia sobre tópicos”, recuerda Cobeaga. “Como veníamos de hacer Vaya Semanita, pensábamos centrarlo todo en lo vasco. Lo que pasa es que queríamos una comedia romántica de contrastes, de un chico y una chica completamente opuestos que se conocen. Entonces nos parecía que lo más opuesto a alguien muy vasco era el típico andaluz o el estereotipo del andaluz. A partir de ahí, empezamos a rellenar la historia y es cierto que mucho de lo que habíamos hecho en Vaya Semanita está muy presente en la película”.

Diego San José                              Borja Cobeaga

            Parece ser que la comedia se trabaja mejor a cuatro manos, y así lo ha demostrado este tándem. De hecho, el proceso de escritura fue largo, y la historia, partiendo de la fórmula “contraste de estereotipos vasco-andaluces” dio varias vueltas, hasta dar con su forma definitiva. [Para quien quiera profundizar en el proceso de escritura de este guion, recomiendo el artículo de Bloguionistas].

            Hay consenso en afirmar que el guion es divertido. Así lo afirma el director, Emilio Martínez Lázaro: “A grandes rasgos, el éxito de la película tiene dos causas. Una es la risa. El guion es genial, la primera vez que lo leí no paré de reírme en voz alta. Pero es que luego, en la sala de montaje, el montador se reía igual. Hay un segundo motivo, y es que la película está bien cerrada, los personajes están bien armados, no es una sucesión de gags graciosos, sino una historia bien contada que transmite buen rollo. Se sale del cine con una sonrisilla en la cara”. Y Karra Elejalde confirma: “[Durante el rodaje], aun en la toma séptima u octava el equipo seguía riéndose con los chistes, algo que habla de la calidad del libreto”.

            Con todo, y reconociendo los méritos del guion, hay que admitir que bascula más sobre la sucesión de gags que sobre un retrato humano y verosímil de los personajes. De igual modo, se ha apostado por un cierto minimalismo de personajes –los cuatro principales–, cuando hubiera dado más juego ampliar el entorno familiar (por ejemplo, los padres de él, la madre de ella, por no mencionar a algún hermano o hermana).

            Inicialmente, Borja Cobeaga iba a dirigir también, pero el hecho de tener entre manos otro proyecto que le interesaba más hizo que se buscara a otro director. Y hay entra en escena el siguiente factor humano.

4) Un director especializado

           Emilio Martínez Lázaro es un director especializado en comedias, responsable de títulos como la comedia musical El otro lado de la cama (2002) y su secuela (2005). El director madrileño aceptó el reto de realizar esta película: “Me atreví porque me llamaron y me dejaron un guion con el que me lo pasé tan bien que me dije: si yo me río así, mi deber es hacer que se rían igual los demás. Aparte, ya era un fan de Vaya Semanita. Lo veía en Youtube y me encantaba”. Al mismo tiempo, reconoce la dificultad de hacer una buena comedia: “Creo que es el género más difícil que hay, y no lo digo yo, lo dice todo el mundo. Te mueves en parámetros delicados y muy destructivos: si ruedas un gag, o funciona o no funciona. Y si no funciona es un fracaso, sin paliativos. En cambio, si haces un drama todo es cuestión de grados: una escena te puede quedar trágica o solamente dramática”. Por fortuna para él, el guion estaba bien cerrado y funcionaba, amén del plantel de actores con los que pudo contar. Karra Elejalde reconoce el buen hacer de Martínez Lázaro, y el clima que supo crear durante el rodaje: “Esa ha sido una de las claves, sin duda. Yo no había vivido algo así desde Airbag, con un despliegue grandioso y necesario. Y si a eso le sumas el guion, el director y lo que hayamos podido aportar los actores, puede que ahí se puedan encontrar las claves del éxito de la película”.


            Por su parte, el director devuelve la pelota a los actores: “Dirigir una película supone tocar muchos palos, técnicos, de ritmo... pero probablemente el de trabajar con los actores es primordial. Y creo que es donde más he crecido y he aprendido durante todos estos años. Al principio me esforzaba en intentar sacarles cosas que no sabían hacer, pero esas ideas premeditadas las abandoné. He pasado de ser alguien que dirigía a los actores a dejar que sean ellos quienes me dirigen a mí”.

5) Buenas interpretaciones

            Sin duda, el acierto en el reparto y las interpretaciones llevadas a cabo por el cuarteto protagonista ha sido otra de las claves. “Al principio eran toda una incógnita –reconoce Martínez Lázaro–, porque no había trabajado antes con ninguno de ellos. Pero sí: Karra es un actor muy, muy serio y con muchísimo talento. Carmen tiene una comicidad irresistible, no la voy a descubrir yo. Y Clara ha sido una revelación: su personaje era el más ingrato, pero en el rodaje creció muchísimo. Le auguro un futuro impresionante. Y Dani, bueno, era el novato, pero sabía que funcionaría después de verle dominar una sala de teatro como lo hace. Y eso que tiene un papel dificilísimo, con esos cambios de acento y de actitud…”.


            Ciertamente todos “clavan” sus papeles, aunque, en mi opinión, Karra Elejalde se lleva la palma como atunero vasco, y padre tan bruto como entrañable.

6) Apoyo de Telecinco

            En el caso de este proyecto, Telecinco no sólo se encargó de coproducir y promocionar la película, sino que fue quien prendió la hoguera. Así lo recuerda Borja Cobeaga: “La llamada la hizo Telecinco Cinema. Nos propusieron escribir una comedia sobre regionalismos e imagino que pensarían que nosotros tiraríamos por lo vasco, por haber estado trabajando en Vaya Semanita, el programa de ETB. Esa fue la directriz, poco más, y nosotros propusimos la historia, los personajes”.

            En estos últimos tiempos hemos comprobado en numerosas ocasiones cómo el hecho de tener una cadena detrás es un factor muy importante cuando llega el momento de lanzar la película al mercado. En la productora de Mediaset están de enhorabuena. Así lo manifiesta su responsable, Ghislain Barrois: “En el éxito o no de una película, hay una componente de suerte tremenda, pero también se trata de algo preparado. La experiencia nos ha demostrado que necesitamos dos cosas para que funcionen: la fuerza promocional sin una película redonda detrás no sirve para nada. Al juntar ambos elementos, el cielo es el techo”.

7) Cuando el boca-oído funciona, y funciona de verdad

            En efecto, más allá de estrategias de marketing o campaña de estreno, algo ha sucedido con esta película para que se convierta en el fenómeno popular que es. Ahí radica esa inexplicable magia del cine, que rompe moldes, desprecia fórmulas y no entiende de predicciones. La gerente de la cadena exhibidora Sade, Coro Odriozola, explica: “Mediaset promocionó muy bien el filme, pero eso se quedaría en nada si no hubiera un boca-oreja que permitió crecer a la película partir de la tercera semana de exhibición. Ha sido el público el que ha generado la corriente de convertir la película en un acontecimiento. En una temporada de cine marcada por grandes dramas el público necesitaba reírse y ésta ha sido la mejor medicina. Ha conectado con la gran mayoría del público, sobre todo con el que no va al cine, y la necesidad social del público español en estos tiempos de crisis es desconectar y reírse sin ningún tipo de esfuerzo intelectual. Por último se ha convertido en un tema social, todo el mundo habla de la película y el que no ha ido a verla siente la necesidad de hacerlo porque es de los pocos que no lo ha hecho”.


            Y cuando una película explota, el “techo es el cielo”, en palabras de Barrois. El directivo de Telecinco Cinema confiesa: “Si nos lo hubieran dicho, no lo habríamos creído. Lo imposible fue una película diseñada para el éxito masivo. Ésta no, por lo que el gozo es mayor aún. Es toda una alegría, para nosotros y para el sector en general. La demostración de que se puede tener éxito sin una maquinaria superpesada detrás”. También Martínez Lázaro se muestra sorprendido del éxito y comenta divertido: “Confieso que esto me ha superado. Y eso que yo era de los más optimistas. El día del estreno hicimos una porra y pronostiqué que recaudaríamos siete millones de euros. Otros decían que no haríamos más de dos. Ahora, con 40 ganados, me declaro una persona sin criterio”.

8) Eficacia de la vigilancia antipiratería

            Una última razón que explica el éxito de esta película radica en el eficaz sistema de vigilancia antipiratería seguido por la distribuirá, Universal Pictures España. Hasta esta misma semana, ha sido imposible encontrar una versión digna de la película para descarga (o al menos, no se había difundido de manera masiva). “Universal ha tomado medidas: vigilancia en la red, mucho celo en los días del estreno además de la contratación de compañías de seguridad en los cines. Pero no son muy distintas estas medidas de las que han adoptado otras compañías. Que no roben la película ya forma parte del presupuesto”, afirman desde la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual de la Obra Audiovisual (FAP).


            Hasta ahora abundaban falsos anuncios o señuelos en los que solicitaban un número de móvil o registrarse a cambio de una película que nunca recibían. Aunque todavía no está fijada una fecha para el lanzamiento en Blu-ray/DVD, la versión disponible para la descarga y visionado online no es de una grabación en una sala, sino que ha salido de una copia en DVD, según informa desde FAP. Sea una coincidencia o no, el caso es que la recaudación de esta película ha caído un 50% este último fin de semana. Con todo, puede considerarse también un éxito y un récord haber puesto los medios para retrasar al máximo la piratería, y haber recaudado la parte más sustancial de taquilla en este tiempo.

            El tiempo dirá si Ocho apellidos vascos merece un lugar en el libro de oro del cine español o en el libro Guinness de los récords. En cualquier caso, y como diría un andaluz castizo, “Que le quiten lo bailao”. Es difícil resistirse ante su descomunal éxito. Por ello mismo, cabe afirmar que ha nacido una franquicia –la segunda parte está ya gestándose, e incluso el remake en Estados Unidos–. Habrá que ver qué si el humor de Vaya Semanita es exportable no solo más allá de la península, sino entre las diferentes autonomías.


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sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Deben las televisiones financiar el cine español?

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Hace escasos días, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, aprovechaba un acto de la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (UTECA) para anunciar la creación de una comisión mixta –presidida por el secretario de Estado de Cultura y en la que participarán otros departamentos del Gobierno y representantes del sector audiovisual–, con el objetivo de diseñar un nuevo modelo en la financiación del cine español, “viable y que perdure en el tiempo”. Entre otras cosas, la vicepresidenta afirmó que se revisará la obligación que tienen las televisiones privadas de destinar el 5% de sus ingresos a financiar el cine europeo y español, si bien esta revisión no implicará la desaparición de esta norma; sin más, se introducirán “las modificaciones necesarias a la vista de la experiencia acumulada”. Y para apuntalar el papel que juegan las cadenas en el fomento del cine nacional, la vicepresidenta subrayó también que las “grandes producciones cinematográficas [de estos últimos años] no habrían sido posibles sin la intervención de las televisiones”.
¿Deber solidario o impuesto cultural?
Como se sabe, ha sido éste un punto de fricción permanente entre las cadenas y los productores. Mientras las primeras consideran esta obligación como una especie de “impuesto revolucionario”, los segundos opinan que se trata de un deber de justicia por la licencia recibida. Así se han expresado unos y otros en diferentes ocasiones, de modo incluso beligerante. Para Pedro Pérez, presidente de FAPAE, por ejemplo, el argumento es claro: “UTECA existe en la media en que tienen un enemigo en común, el cine, si no ya se habrían matado. No podemos liberar a las televisiones privadas de participar en la producción de cine nuevo. Son concesiones públicas y gratuitas. Se ha creado un panorama asfixiante tras las fusiones. Los dos primeros grupos del sector (…) acaparan casi el 90%. Y les parece poco. No hace falta entrar en la composición accionarial de los mismos, porque habría mucho que decir. El dinero no es de las televisiones. Está en el mercado. Lo ponen los anunciantes. Ellos son meros intermediarios de una concesión pública. No entiendo porque sacan los tanques cuando se les pide un poco de dinero. Pedirle a quien se beneficia del cine hacer obra nueva no es pecado”.
No opinan lo mismo los representantes de las cadenas. Ghislain Barrois, consejero delegado de Telecinco Cinema, aseguraba hace unos años: “Cumplimos con las leyes. No nos hace ninguna ilusión. Si no fuera por la obligación, y lo digo claramente, no invertiríamos un duro en el cine. Esta obligación es aberrante, nos obliga a invertir en un producto que después no emitimos. Cuando en el 99 apareció la ley, quizás se podía entender, y ni siquiera, pero ahora llevamos varios años sin emitir cine en nuestro canal, y a pesar de esto, estamos obligados a invertir. Es bastante ridículo”. Y más recientemente, el consejero delegado de Mediaset España, Paolo Vasile, afirmaba que su compañía pierde alrededor de un tercio de lo que invierte en cine y calificaba la norma de destinar el 5% de sus ingresos a financiar el cine europeo como una obligación “absurda”. “Ninguna productora se autoobliga a invertir –añadía–. En un mercado libre, democrático, moderno, uno produce sólo cuando puede”.
Una opinión más moderada manifestaba hace poco Mikel Lejarza, presidente de Antena 3 Films: “Somos un grupo de comunicación que cuenta historias en todos los formatos: cine, televisión, radio e Internet. Dicho lo cual, reivindicamos que el editor pueda decidir con libertad dónde invierte su dinero. La queja sería la misma si la ley obligase a producir deportes o magacines. Esa norma no nos gusta, pero la cumplimos buscando la máxima rentabilidad y haciéndolo lo mejor que sabemos. Con un objetivo fundamental: que las películas sean rentables y sirvan para el prime time” . Para Maurizio Carlotti, vocal de Antena 3 en UTECA, tras 14 años de aplicación del modelo actual y más de mil millones financiados por las televisiones, “el cine español tendría que reconocer la realidad, renunciar al obstruccionismo y colaborar lealmente con las televisiones públicas y privadas en el proceso de crecimiento del talentoso cine español”. Al mismo tiempo, asegura que las televisiones no aspiran a “reducir sus cargas” con el cine español, sino a “a gastar cada euro para crear una industria fuerte sólida y competitiva”, que produzca títulos que triunfen en la taquilla, “y no sólo en los festivales”. “El éxito –concluye– no son 150 fracasos, el éxito son 40 películas que devuelvan el capital invertido y permitan a este sector ampliarse y crecer”.
Condenados a entenderse
Resulta interesante observar los argumentos esgrimidos. La obligación impuesta por la Unión Europea a las cadenas de televisión se basa en el principio de que la concesión de una licencia pública para emitir justifica la exigencia de un “peaje” en apoyo de las industrias culturales –en este caso, el cine–.  Puede tener su sentido. Sin embargo, resulta curioso que no se obligue a las emisoras de radio a destinar otro porcentaje de sus ingresos a la producción de discos de grupos o cantantes europeos. Las cadenas, por su parte, acuden a las leyes del libre mercado, donde la oferta y la demanda se condicionan mutuamente. Por otro lado, este argumento basado en la concesión tiene su peligro o, mejor dicho, su fecha de caducidad. El actual modelo televisivo está cambiando y cuando se produzca la simbiosis perfecta entre televisión e internet, muy probablemente el consumo televisivo principal se realice a través del ciberespacio, que –de momento– no es un bien escaso ni requiere de tutelas del Estado (ni, por tanto, de concesiones).
En cualquier caso, y mientras sigamos con en el actual escenario híbrido, unos y otros tienen su parte de razón. Por un lado, los Estados pueden establecer regulaciones que fomenten sectores que consideran estratégicos para la economía del país o que fomenten o protejan un interés cultural. Por otro, los operadores de televisión deben tener libertad y margen de maniobra para decidir cómo, cuánto y dónde invertir. El caso que venimos comentando –la financiación del cine español a través de las cadenas de televisión–, refleja uno de esos puntos de confluencia en el que chocan intereses contrapuestos y donde debe buscarse el consenso y el equilibrio. Tanto el Gobierno como los productores quieren asegurar que una de las ventanas más relevantes para el cine (regentada por empresas concesionarias de licencias públicas) invierta en la producción de contenidos. Sin embargo, debe articularse el mejor modo para que esta inversión tenga lugar, y completarla con otras vías como el aumento de la desgravación fiscal o el mecenazgo, como ya se comentó en otro artículo anterior.
A las cadenas de televisión les interesa seguir invirtiendo en cine (europeo o español) –como de hecho lo han venido haciendo: coproduciendo a través de sus divisiones cinematográficas–, por dos razones básicas. Primero, porque el modelo de negocio audiovisual se sustenta sobre la propiedad de los contenidos (derechos), de modo que no basta sólo con adquirir los derechos de emisión sino participar en la producción. Los nuevos grupos de entretenimiento aúnan dentro de sí toda la cadena de valor, desde el diseño y creación, hasta la producción y la explotación comercial a través de diferentes ventanas. El cine sigue siendo un contenido muy demandado, y puede resultar rentable si se acierta con los proyectos que se llevan a cabo. Cuando se culmine la implantación del escenario digital y se afiancen los nuevos hábitos de consumo, la competitividad de las cadenas de televisión –convertidas en grandes portales que ofrecen entretenimiento– dependerá de la cantidad y calidad de contenidos propios (producidos o coproducidos). Y ahí, junto a series o programas, tendrá que haber un consistente catálogo de películas.
Se trata, pues, de un “matrimonio de conveniencia”. Así lo reconoce Alvaro Augustin, director general de Telecinco Cinema: “No es una cuestión de reglamentar. Evidentemente, la inversión de las televisiones es fundamental. Si no estuviéramos obligados, la industria en España quebraría. Pero a lo mejor no del todo. Se desplomaría quedando parte de gente que arriesga su dinero, que hace las cosas bien, y que ganaría incluso dinero. En una proporción mucho más pequeña pero con unas reglas de mercado que las fija el mercado y no por obligación”. En efecto, las cadenas no tiene problema en invertir en aquél proyecto cinematográfico que consideran adecuado para su estrategia, pero quieren tener libertad para decidir en cuáles y no sujetarse a una cifra obligatoria que deben gastar porque sí. “Llevamos 10 años con el tema de la obligación –comentaba Barrois tiempo atrás–. He calculado que entre todos los canales alrededor se habrán invertido alrededor de 1.000 millones de euros para apoyar el cine, y puede verse el estado lamentable en el que está. El modelo, el que sea, tiene que ser virtuoso Tiene que fomentar el éxito, y ahora no lo hace”.
¿Resulta el cine rentable para las cadenas?
Según datos ofrecidos por Vasile, desde 1999 Mediaset ha invertido en cine alrededor de 430 millones de euros, y ha perdido en torno a un 35% (habrá que ver cómo queda la cuenta de resultados después de Tadeo Jones y Lo imposible). Por su parte, Antena 3 Films parece más contenta con el funcionamiento comercial de las películas que ha producido. Eso sí, a consta de recibir críticas como que el cine que se hace en este país es el que quieren las televisiones (pensando quizá en Fuga de cerebros o Tengo ganas de ti). “No sé qué hay de malo en que las películas se dirijan al mayor público posible –responde Lejarza–. No entiendo que no tengan como objetivo llenar las salas. Nosotros producimos óperas primas y películas de directores personales. No se nos pueda acusar de hacer un determinado estilo de cine”.
En el fondo, las cadenas de televisión funcionan de modo muy semejante a los estudios de Hollywood: establecen relaciones con el talento (directores, productores) y seleccionan aquellos proyectos en los que confían. Mientras que Antena 3 Films ha preferido comedias, películas de presupuesto moderado y algunas grandes producciones, Telecinco ha apostado en su mayor parte por películas de gran presupuesto y dirigidas al mercado internacional. En cualquiera de los casos, como reflejan las tablas recogidas a continuación, un buen porcentaje de las películas españolas más taquilleras de los últimos años han sido coproducidas por las televisiones (en color salmón figuran las películas coproducidas por Antena 3 y en azúl pálido, las coproducidas por Telecinco).

Fuente: ICAA

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