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miércoles, 23 de julio de 2014

Cómo la digitalización está transformando la industria cinematográfica (y 4): Consumo

            Las reflexiones en torno al cambio que la digitalización está imponiendo en la industria audiovisual no quedarían completas sin una referencia a los nuevos modos de disfrutar del producto cinematográfico. La “audiencia activa” de la que hablaba Michael Gubbins no solo está llevando a consolidar los hábitos de consumo personalizado de contenidos de entretenimiento, sino que también está obligando a desarrollar nuevas formas de narrativa transmedia. A esto se une el poder de internet como ágora de recomendaciones sociales y como laboratorio de campañas de marketing viral, tan ligadas a la industria cinematográfica. En suma, asistimos a la época donde se ha implantado la cultura bajo demanda, el consumo personalizado de contenidos de entretenimiento, la movilidad de pantallas y el incremento de la velocidad de circulación de películas entre todas ellas.


Consumo personalizado

            Como se ha repetido hasta la saciedad, los nativos digitales demandan un manera personalizada de disfrutar de los contenidos de entretenimiento –en particular, de las series y películas–, lo que se traduce en libertad de elección, facilidad de acceso, flexibilidad de opciones de consumo y mayor portabilidad. Vivimos en la época de la “cultura a la carta” (on demand culture), como la ha bautizado Chuck Tryon, o “cultura Martini”, en expresión de Michael Gubbins, en la que el usuario-consumidor debe tener la posibilidad de decidir qué quiere ver (películas, series, documentales, videoclips), cuándo quiere verlo (sin restricciones de tiempo y sin una programación cerrada), dónde quiere verlo (múltiples opciones de dispositivos) y cómo quiere verlo (streaming, descargas, etc.). Este consumo personalizado, en su cruce con la realidad de los mercados agregados (o “de la larga cola”), requiere un acierto en la definición del target, del precio y de la infraestructura tecnológica (banda ancha). Los tres principales modelos de negocio online desarrollados hasta la fecha son: a) Transaccional o pago por visión: venta (‘download-to-own’, DTO) o alquiler de películas (VOD rental); en este último caso, mediante streaming o descarga temporal; b) Suscripción: tarifa mensual o abonos por un determinado número de películas; c) Gratuito con publicidad: acceso a contenidos sin pagar a cambio de publicidad insertada.


            A lo largo de la última década han florecido multitud de plataformas de distribución cinematográfica a través de la red. Un estudio reciente contabilizaba hasta 300, si bien es cierto que muchas de ellas no han perdurado en el tiempo. En el caso de servicios de vídeo-bajo-demanda (VOD), el Observatorio Audiovisual Europeo, en la última edición de su anuario, censa un total de 2.458 plataformas europeas, de las que 346 (14,1%) son exclusivamente de películas, y otras 41 (1,6%) de películas y series –aparte de otras muchas no europeas accesibles desde nuestro continente. La emergencia y consolidadción de la distribución online ha estado liderada por iTunes, Netflix, Blockbuster+Movielink, Amazon+LoveFilm, Hulu and Google+YouTube. Otras iniciativas como MUBI, IndieFlix, Babelgum o Jaman han ayudado a crear un espacio para el cine independiente y llegar a públicos más específicos.

            Otra iniciativa –de la que ya hemos hablado– puesta en marcha en Estados Unidos y en otros países anglosajones para responder a las demandas de consumo personalizado ha sido UltraViolet, la plataforma para la distribución de contenidos audiovisuales por internet creada por un consorcio de empresas tecnológicas y audiovisuales agrupadas bajo las siglas DECE (Digital Entertainment Content Ecosystem) y en la que participan la mayoría de estudios de Hollywood (Fox, Paramount, Sony Pictures, Universal y Warner Brothers), y también fabricantes de tecnología como Microsoft, IBM, Nokia, Intel, Motorola o Samsung. Más que películas o programas de televisión, UltraViolet vende al usuario una serie de licencias que le dan derecho a ver de por vida los contenidos que adquiera, alojados en la “nube” y accesibles desde cualquier dispositivo conectados a internet. Además de descargar contenidos audiovisuales, el consumidor puede almacenarlos en el soporte que desee y hacer copias sin coste adicional, si bien el sistema solo autoriza un máximo de 12 dispositivos dados previamente de alta. Además, UltraViolet permite que hasta seis personas asocien sus cuentas de cliente y compartan contenidos de forma legal. En la actualidad, ofrece unos 12.000 títulos y ha alcanzado los 15 millones de cuentas. Sin embargo, esta “apuesta corporativa” de Hollywood y los fabricantes de electrónica no ha sido secundada por Disney-Apple, que han desarrollado su propia plataforma llamada Disney Movies Anywhere, lo cual demuestra que el contenido sigue siendo “el rey”.

Historias transmedia

            Los nativos digitales no solo han obligado a cambiar el modo en que se distribuyen las películas, sino la propia naturaleza de la narración. Los contenidos de ficción y entretenimiento, en la actualidad, se desarrollan desde su origen para el consumo multimedia e interactivo. Desde esta perspectiva, las claves para lograr un producto de éxito pasan por su capacidad de ser desarrollado a través de un universo narrativo articulado en distintos niveles, cada uno de ellos asociado a una pantalla concreta. De este modo, el espectador adquiere mayor protagonismo e iniciativa, y su “vivencia experiencial” resulta más envolvente o completa. Es ésta una característica cada vez más común en las llamadas franquicias cinematográficas, universos de ficción susceptibles de ser explotados a través de múltiples pantallas (mercados) y de modo sucesivo (varias partes). 


            A ello se une el mundo de los videojuegos, que permite la participación colectiva y simultánea de los jugadores en un contexto interactivo y global. Como concluye Gubbins, “la  dinámica del cine está variando sustancialmente, con un cambio en la relación entre cineasta y público y con un debate abierto sobre la primacía del texto sobre el espectador”. Hasta tal punto el transmedia storytelling se ha convertido en un mantra, que en los últimos años las dos universidades rivales en Los Ángeles (UCLA y USC) han organizado conjuntamente el foro académico profesional TransmediaHollywood (ahora denomidado Transforming Hollywood).

Marketing online: Prescriptores y campañas virales

            Otra consecuencia de la actitud proactiva de los nuevos espectadores es su actitud altamente participativa y su conciencia de grupo. El consumo personalizado ha traído consigo la necesidad de conocer opiniones y recomendaciones. En este sentido, las redes sociales (Facebook, Twitter) se han convertido en los foros más eficaces para promocionar cualquier tipo de evento, producto o servicio. En palabras de Gubbins, “uno de los efectos inmediatos del cambio digital ha sido la descentralización de las críticas y de las recomendaciones (…). El boca-oído, amplificado por los móviles y las redes sociales, se ha convertido en una seria fuerza que decide el destino de una película (…). Para Hollywood, la opinión de los críticos profesionales importa poco y se da el caso de películas que acaban triunfando pese a ser denostadas por la crítica. Esto supone también un desafío para los responsables de marketing. La opinión de los consumidores resulta difícil de controlar…”. Un caso paradigmático sería el de Harry Knowles, un blogero “fuera del sistema”, que se ha convertido en uno de los prescriptor más importantes de Estados Unidos como crítico cinematográfico gracias a su web Ain’t It Cool News. Otro ejemplo lo encontramos en la popular web Rotten Tomatoes, una página de críticas cinematográficas donde el usuario puede votar y manifestar su opinión sobre una determinada película. Otro tanto cabría afirmar del conocido portal Internet Movie Database.

            El otro lado de la moneda del poder promocional de internet lo constituyen las campañas virales desarrolladas en torno a una película. Los responsables de marketing de las productoras y distribuidoras son bastante conscientes de la eficacia de estas herramientas y las han utilizado con prodigalidad, no solo para crear expectación en torno a una franquicia hollywoodiense (como el  caso de El Señor de los Anillos, Harry Potter, Avatar, Prometeus o cualquier superhéroe de Marvel), sino también –y de modo más eficaz todavía–, en el caso de producciones independientes (El proyecto de la bruja de Blair, Cloverfield o Paranormal Activity).

Fuente: Variety

El cine que viene… 


            “El mundo ha cambiado…”. Probablemente estas palabras resuenen ahora con más convicción en nuestros oídos, como le ocurrió a Frodo tras regresar a la Comarca, después de haber culminado su memorable hazaña. Si algo tenía claro el pequeño hobbit, es que nada iba a ser ya como antes. La misma sensación se aprecia entre los expertos y profesionales de la industria del cine. El propio Peter Jackson lo comentaba durante la rueda de prensa de la premiere en Londres de El hobbit: un viaje inesperado (2012): “Es difícil precedir cómo será el cine dentro de 10 ó 25 años. Hay un cierto grado de riesgo ahora mismo en la industria del cine, debido a las maneras alternativas que la gente tiene de ver películas –home entertainment, móviles, tabletas–. Realmente odio la idea de convertirme en un director que hace películas para verlas en un iPad (…). Sin embargo, son tiempos en que el número de espectadores está descendiendo, y como industria debemos pensar cómo podemos recuperarlos, mejorando para ello la experiencia de ir cine, para que sea más mágica, más inmersiva, más espectacular (…). No quiero decir que toda la industria del cine tenga que hacer ese tipo de películas espectaculares: habrá cineastas y películas para todos los gustos y pantallas, y creo que la variedad es buena”.

Peter Jackson (Fuente: smh.com.au)
            Ni Peter Jackson ni los ejecutivos de Hollywood poseen la bola de cristal para adivinar con seguridad del futuro de la industria cinematográfica. Sin embargo, los cambios apuntados en estas páginas pueden dar idea del panorama hacia el cual nos dirigimos. Por un lado, la cadena de valor del producto cinematográfico ha cambiado, no solo por la eliminación de barreras de entrada, sino por la relación más directa entre los creadores-productores de contenidos y el consumidor-espectador final. De ahí que el gran sector intermedio que es la distribución deba reinventarse para ofrecer nuevas maneras de intermediación. E igualmente los exhibidores deben mantener su posición de privilegio (como experiencia audiovisual) y diversificar la oferta. A ello se une la necesidad de replantear la actual secuencia de ventanas, para responder a la demanda del consumo personalizado. En otras palabras, lo que estamos presenciando aquí no solo es un cambio de paradigma en los modelos de distribución, sino también de mentalidad de gestión en los principales segmentos de la cadena de valor del producto audiovisual. Así, los viejos supuestos de límites creativos o de acceso, propios de una economía basada en la escasez de contenido, debe dejar paso a los impulsores del libre acceso, a la oferta casi infinita de productos, el consumo personalizado, propios de una economía de la abundancia.

            Las películas continuarán siendo un “contenido estrella” en el conjunto de la oferta audiovisual. En este sentido, asistiremos a una bipolarización del producto cinematográfico. El cine será “más cine” y las salas seguirán siendo el lugar privilegiado para disfrutar de la experiencia fílmica en inmejorables condiciones, a un precio más elevado. El común de las producciones cinemtográficas irán al mercado doméstico y serán consumidas de manera personalizada, con múltiples opciones y precios, según la demanda. El contenido sigue siendo “el rey”, pero la audiencia (el público) es “la reina”.

          La implantación exitosa de esta transformación de la industria cinematográfica pasa por su sostenibilidad. El quid de la cuestión estriba en cómo incorporar los nuevos modelos de negocio sin acabar prematuramente con los existentes. La búsqueda del adecuado modelo de negocio –especialmente en internet– se ha convertido en la búsqueda de la piedra filosofal. Con toda probabilidad, las futuras propuestas no diferirán de las actuales, y combinarán el modelo gratuito a cambio de publicidad o esponsorización, con otras formas de pago por visión (sea mediante suscripción o por visionado individual). Sea cual fuere la opción, los modelos de negocio de éxito deberán lograr el justo equilibrio entre las opciones de consumo personalizado al gusto del nuevo consumidor y la consiguiente discriminación de precios.

Martin Scorsese (Fuente: Adweek.com)

            El cine continuará ofreciendo su magia en la gran pantalla, mientras que las películas llenarán también la constelación de pequeñas pantallas que pueblan la tierra. Será una manera diferente de disfrutar del séptimo arte. La industria cinematográfica siempre ha aprovechado la tecnología en su propio beneficio, y así lo está haciendo ahora, con la conversión al estándar digital. Recientemente Martin Scorsese manifestaba sus pensamientos sobre el futuro del cine en forma de carta abierta a su hija. Sus palabras nos sirven de colofón: “Siempre supimos que el cine era un negocio, y que el arte cinematográfico era posible porque se ajustaba a unas condiciones empresariales (….). Ahora el arte y el negocio cinematográficos se encuentran en una encrucijada. El entretenimiento audiovisual y lo que conocemos como el cine –las películas concebidas por individuos– parecen estar abocados en diferentes direcciones. En el futuro probablemente veamos menos de aquello que [tradicionalmente] reconocemos como cine [proyectado] en grandes multipantallas y más [películas] en pequeñas salas, en internet, y en otros espacios y circunstancias que ni siquiera podemos predecir”.

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miércoles, 19 de febrero de 2014

Consumo de películas en Europa (y 3): retos del cine europeo

            Concluyo con este artículo –a falta de hablar más adelante del caso español mi comentario– del informe A Profile of Current and Future Film Audiovisual Audience, promovido por el programa Europa Creativa. En las dos entregas anteriores hemos presentado sus principales hallazgos y aportaciones. Nos centraremos ahora en sus conclusiones.



         La nota de prensa publicada con motivo de la presentación de este estudio, ofrece el siguiente resumen conclusivo: Cerca del 70 % de los europeos descargan o ven películas en línea de manera gratuita, legal o ilegalmente. A ello se une que el 40 % de los que poseen teléfonos inteligentes y más del 60 % de los que tienen tabletas ven películas en esos dispositivos. Según los autores del informe, este hecho no resulta sorprendente, ya que, si bien el público europeo en general muestra un gran interés por el cine (sea de la nacionalidad que sea), la sala más próxima a menudo se encuentra a cierta distancia y la oferta de películas suele ser bastante limitada. Sugieren, además, que la industria cinematográfica europea podría aumentar sus ingresos explotando diferentes tipos de plataformas en línea, con ánimo de lucro, que ofrecieran más películas y permitieran llegar a un público más amplio.

            En otras palabras, lo que este estudio revela –con las limitaciones estadísticas ya señaladas– es que, para el público europeo (comprendido entre los 4 y los 50 años), las películas siguen siendo una forma favorita de entretenimiento. Por ello mismo, tendemos a verlas tanto a través de los canales convencionales como de los alternativos (por no utilizar la nomenclatura “legales” vs “ilegales”). En consecuencia, se aboga por la existencia de un mayor número de plataformas legales a través de internet que amplíen la oferta cinematográfica, cumpliendo con las reglas de este nuevo mercado (amplio catálogo, precio competitivo y consumo personalizado). Además, el informe deja claro que el público europeo posee un gusto cinematográfico amplio, que no desprecia el cine nacional o europeo, aunque prefiera el norteamericano. Siendo esto así, ¿dónde se plantean los principales retos para la industria cinematográfica europea? En su última sección, el informe destaca tres desafíos del cine europeo desde el punto de vista de mercado en los que conviene seguir trabajando: a) mejorar la accesibilidad o disponibilidad de películas europeas; b) aumentar su visibilidad; c) continuar el esfuerzo por entender el comportamiento del público cinematográfico europeo.

Accesibilidad o disponibilidad: mejorar la oferta

        La pregunta de partida es la siguiente: ¿está disponible la película que los espectadores desean ver en el medio (dispositivo) y en el momento en que desean verla? Si bien el informe revela que en los hábitos de consumo todavía priman a las ventanas tradicionales (cine, DVD y TV), el vídeo-bajo-demanda (VOD) a través de internet (descargas o streaming) se posiciona como un mercado emergente e imparable. Gran parte de los encuestados aseguran que optan por estos canales alternativos (gratuitos o piratas) porque la película no está disponible en las ventanas tradicionales cuando ellos desean verla o consideran su precio excesivo. De aquí se deduce la inadecuación del mercado actual a los nuevos hábitos de consumo (con sus correspondientes exigencias) del espectador europeo.


            Aquí vendría una segunda pregunta: ¿Cómo puede aumentarse la oferta (legal) de películas europeas en todas y cada una de las ventanas? El informe incide en unas cuestiones y obvia otras. Por ejemplo, destaca el problema de la fragmentación lingüística –fácilmente solucionable gracias a las posibilidades de múltiple doblaje o subtitulado de los nuevos formatos–, la lacra de la piratería, la necesidad de aprovechar las sinergias e la distribución multiplataforma, etc. En mi opinión, la respuesta a esta pregunta no puede ser unívoca, sino adaptada a cada uno de los mercados. En aquellos mercados que dependen de copias físicas (cines y videoclubs o grandes superficies), la situación probablemente no mejore o cambie con respecto a lo que hemos visto estos años. Por un lado, nos encontramos las limitaciones del número de salas o pantallas (cines), o del espacio disponible (videoclubs o grandes superficies). Junto a ello, debe tenerse en cuenta el papel de los distribuidores como gatekeepers (puertas de acceso al mercado). Estas limitaciones desparecen, en cambio, en el mercado virtual, donde el principal escollo es la piratería. Combatirla no es tarea imposible (batallas mayores –como la del tabaco– se han ganado), pero se precisa una acción multilateral (política, cultural y legal) a largo plazo, sobre la que está trabajando la Unión Europea. En este sentido, los autores del informe sugieren promover plataformas VOD paneuropeas, que aseguren la presencia de títulos de todas las cinematografías del Viejo Continente. Como idea, no está mal. Sin embargo, su viabilidad parece inevitablemente ligada al subsidio público, al estilo de otras iniciativas como Europa Cinemas o Europa Distribution.

        Dentro del desafío sobre la accesibilidad o disponibilidad de películas europeas, el informe invita al replanteamiento de la actual secuencia de ventanas y aboga por la flexibilidad, dependiendo de los diferentes tipos de películas. De igual modo, incide mejorar la circulación de películas europeas dentro del territorio continental y sugiere promover los estrenos paneuropeos, con idea de consolidar la audiencia “global” europea y reducir los efectos de la piratería. Todas estas propuestas son interesantes –en especial, la primera–. El debate sobre el rediseño de la secuencia comercial ha sido una constante en los últimos años, y todo apunta a que cambiará en breve, tras vencer la resistencia de las ventanas tradicionales, en especial, de las salas de cine. El sistema actual, basado en la discriminación de precios según la novedad-exclusividad carece de sentido. Quien manda es el consumidor, que no quiere sujetarse a esquemas temporales rígidos o a precios únicos. En cuanto a la circulación de películas europeas, el informe no menciona un factor clave, como es la concentración del sector de la distribución, ni aborda con suficiente detalle la necesidad de que el cine europeo logre un adecuado equilibrio entre los aspectos culturales y los comerciales. Finalmente, la idea de un estreno paneuropeo tiene gran sentido en un mercado regional que es cada vez más global y unitario.


            Por último, dentro de este apartado, el estudio insiste en la necesidad de establecer un modelo de negocio sostenible en internet –el principal mercado del futuro–, combinando una oferta atractiva, unos precios competitivos y un consumo personalizado. En este punto, el informe no hace sino seguir las directrices bien conocidas de los mercados agregados (long tail markets). Sin embargo, no oculta la dificultad de vencer la piratería: “La piratería está muy arraigada: una vez establecida resulta difícil de erradicar. Cuanto más tiempo se ha estado viendo películas de forma gratuita, más difícil resulta convencerse de que hay que pagar”.

Visibilidad: mejorar el marketing

            La accesibilidad de las películas europeas está muy ligada a su visibilidad. De ahí que el informe se pregunte: ¿Cómo puede resultar más fácil de encontrar los títulos europeos? ¿Cómo puede incentivarse un mayor gasto en publicidad o en una mejor programación del cine europeo? En este apartado, el estudio se mueve en dos niveles: el primero está marcado por iniciativas concretas, como poner en marcha una base de datos gratuita sobre películas europeas, que incluya toda la información que el público cinéfilo busca (incluyendo tráilers, enlaces a sus propias webs, etc.); o una plataforma de preestrenos europeos, que sirva a los distribuidores para “testear” una película antes de su lanzamiento; o un mejor aprovechamiento de las redes sociales y de canales propios en Vimeo, YouTube, etc.



            Un segundo nivel estaría marcado por iniciativas en la educación y en la distribución. En el primer aspecto, el estudio sugiere la creación de una plataforma educativa fílmica paneuropea, que ayude a mejorar la alfabetización audiovisual y desarrolle un gusto por el cine de nuestro continente (entre los resultados más originales de este estudio, se encuentra la relación proporcional que existe entre educación cinematográfica y porcentaje de películas europeas vistas). Con respecto a la distribución, se aboga por campañas paneuropeas de concienciación cinematográfica (algo similar a las campañas antipiratería) y a las campañas paneuropeas de distribución de un mismo título, referidas anteriormente.

Conocer al público: investigación de mercado

           El último reto que concreta este informe en su apartado final tiene que ver con la investigación continua del comportamiento del espectador (o consumidor) cinematográfico europeo. No es de extrañar la incidencia en este aspecto, ya que una de las consultoras que han intervenido en la elaboración de este estudio –Attentional– está especializada en el análisis de audiencias, combinando las neurociencias y la psicología evolutiva para determinar las claves psicológicas en el consumo. De ahí su interés por determinar distintos perfiles de espectadores/consumidores, averiguar patrones de comportamiento o establecer las motivaciones e intereses que mueven a ver un tipo de cine u otro, y hacer todo ello de una manera regular y sistemática.

            Desde luego, la investigación de mercado y del comportamiento del público es de sumo interés  –como en cualquier otro negocio o actividad empresarial–. Como ya hemos indicado en el primer artículo de esta serie, este estudio representa un primer y loable esfuerzo por avanzar en el conocimiento del mercado cinematográfico europeo, aunque sus limitaciones estadísticas y metodológicas hacen de él un instrumento parcialmente útil. Los propios autores son conscientes de ello y se muestran abiertos a recibir sugerencias para mejorarlo en el futuro. Confiemos en que así sea.

Una tarea de todos

            El primer paso para cambiar una tendencia en un diagnóstico acertado. Según recogía la nota de prensa a la que nos referíamos al principio, “uno de los principales objetivos de Europa Creativa es aumentar la demanda de películas, a fin de mejorar su distribución a través de las fronteras y llegar a nuevos públicos en Europa y fuera de ella. La finalidad del estudio es ayudar a los responsables políticos de toda Europa a intensificar la eficacia de sus políticas e iniciativas culturales”. Por su parte, la Comisaria Europea de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, Androulla Vassiliou, afirma: “el estudio confirma que la industria cinematográfica europea no está aprovechando al máximo su potencial para llegar a nuevos públicos ni capitalizando los acuerdos transfronterizos. Animamos a los cineastas a que aprovechen al máximo la financiación concedida a través de Europa Creativa, el nuevo programa de la UE para los sectores cultural y creativo, y, en particular, su subprograma MEDIA. Su apoyo a la distribución y a la elaboración de películas puede ofrecer a los realizadores nuevas perspectivas, que enriquecerán la diversidad cultural de Europa y permitirán que un número mayor de espectadores accedan a películas de gran calidad”.



         Quizás estas palabras adolezcan de cierta declamación política e institucional, pero no por ello dejan de apuntar  algunos de los desafíos más urgentes del cine europeo. Superarlos es tarea de todos: de los políticos (policy makers), en cuanto que son responsables de establecer el marco audiovisual adecuado, a nivel europeo; de los profesionales del sector (practitioners), que deben realizar películas que resulten atractivas para el público sin perder por ello su aportación cultural; y de los propios consumidores (audiences), que deben educar su gusto cinematográfico y asumir que no todo tiene porqué ser gratis en internet.

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viernes, 31 de enero de 2014

Consumo de películas en Europa (1): qué vemos, cuánto, dónde y por qué

      Este pasado martes, en el marco del Festival Internacional de Cine de Rotterdam, tuvo lugar la presentación de un extenso infrome sobre los hábitos de consumo cinematográfico (es decir, películas) en Europa, auspiciado por el recién estrenado programa Europa Creativa (nueva reformulación del extinto Programa MEDIA). El día anterior, este estudio fue presentado a un grupo reducido de profesionales y académicos, entre los que tuve la fortuna de encontrarme. El informe, de más de 900 páginas, lleva por título  A Profile of Current and Future Film Audiovisual Audience y recoge los resultados de una vasta encuesta online (504 preguntas) realizada entre marzo y abril de 2013 en diez países europeos: Alemania, Croacia, Dinamarca, España, Francia, Italia, Lituania, Polonia, Reino Unido y Rumanía. En total, se recogieron 4.608 respuestas (unas 460 por país), dentro de una muestra estadística aunque limitada por edad (entre 4 y 50 años). Esta investigación ha sido realizada por las consultoras Harris Interactive (encargada de la encuesta), Attentional y Headway International (estas últimas responsables del análisis de datos y tendencias). En este artículo, y en otros venideros, iremos desgranando los principales resultados.



     Antes de comenzar, conviene realizar algunas apreciaciones. Para empezar, es encomiable que los responsables de política audiovisual europea –encabezados ahora por Xavier Troussard– hayan encargado un estudio de semejantes dimensiones, con el objeto de conocer con detalle los hábitos de consumo de películas y el perfil concreto del público cinematográfico europeo, y también que querido contrastar los resultados tanto con representantes de la industria como con investigadores académicos. Sin embargo, los resultados deben ser matizados por varias razones. En primer lugar, discriminan a los mayores de 50 años, que en el fondo también pertenecen al público cinematográfico tal y como este estudio lo entiende (es decir, espectadores de películas en cualquier soporte o ventana), y además con un gusto más selectivo. En segundo lugar, algunas preguntas de la encuesta carecen de rigor metodológico (a preguntas mal formuladas, respuestas poco reveladoras o distorsionadas). A ello se une que la encuesta se han traducido a los distintos idiomas de manera literal y sin tener suficientemente en cuenta la idiosincrasia de cada país. Por último, la selección de países no parece muy justificada: engloba a los cinco principales países de Europa Occidental, y a otros cinco elegidos sin un criterio homogéneo claro. Con todo, a la hora de comentar los datos generales –como hacemos aquí–, estas limitaciones se atenúan.

Cuánto cine vemos

            Para empezar, este estudio revela que el 97% de los encuestados ve películas con cierta periodicidad, y el 54% afirma hacerlo diariamente. Este último porcentaje resulta llamativo y probablemente necesitaría ser contrastado. Sin embargo sirve para refrendar que el cine sigue siendo una de las opciones de entretenimiento favoritas. Ello se deduce también del alto porcentaje que ve al mes más de 5 películas (48%), es decir, más de una por semana (figura 1).

Figura 1: Nº de películas vistas al mes
Fuente: A Profile of Current and Future Audiovisual Audience (2014) 

Dónde vemos películas

            En cuanto a las pantallas, prácticamente en 100% de los encuestados posee al menos un dispositivo o pantalla en la que ver películas, y el 86% tiene una sala de cine a no más de media hora de casa. En otras palabras, el cine –desde el punto de vista de pantallas, sean grandes o pequeñas– es universalmente accesible.

            Contrariamente a lo que cabría esperar, el 87% ve películas en las salas, el 90% en televisión, el 89% en vídeo doméstico (en cualquiera de sus formatos) y el 62% en internet (porcentajes acumulativos). El desglose completo lo recoge la figura 2.

Figura 2: Desglose por pantallas o plataformas
Fuente: A Profile of Current and Future Audiovisual Audience (2014) 

            Como se aprecia, el 68% descarga películas películas de modo gratuito, y el 56% las ve gratuitamente en streaming. Aunque esta pregunta se hizo con intención de medir el índice de piratería, lo cierto es que no está bien formulada, ya que algunas plataformas ofrecen algunas películas de manera gratuita y legal.

            En cuanto a las razones que inclinan al público a internet frente a las ventanas convencionales, el 50% piensa que ir al cine es caro, y también el vídeo-bajo-demanda (VOD) e incluso el alquiler de DVDs. Otras motivaciones incluyen la facilidad de acceso (31%), la falta de disponibilidad de títulos en otros mercados (30%), o no haber podido ver esas películas en su momento (28%).

Qué tipo de cine vemos

            A la hora de elegir una película, los dos criterios más importantes son el género y el tipo de historia, seguida del reparto. Otros elementos como los premios, la nacionalidad o el nombre del director no parecen importar tanto (figura 3).

Figura 3: Criterios de elección 
Fuente: A Profile of Current and Future Audiovisual Audience (2014) 

            El informe también ofrece un desglose por géneros (figura 4), aunque comete el error de desglosarlos en demasía, cuando cada vez se aprecia más el mestizaje entre ellos. Concluir que la comedia (el 44% ve a menudo este tipo de películas), la animación (24%) o el drama (21%) son los géneros preferidos no llama la atención, pero quizá sí el documental (23%), lo cual llama la atención, ya que no se estrenan tantos documentales cinematográficos (quizá los encuestados incluyan ahí todo tipo de documentales).

Figura 4: Desglose por géneros
 
Fuente: A Profile of Current and Future Audiovisual Audience (2014) 
            Finalmente, en cuanto a nacionalidad, en parte los resultados son esperados (el cine norteamericano es el favorito, con un 58% que lo ve a menudo), aunque llama la atención el porcentaje significativo de otras cinematografías, tanto nacionales (20%) como europeas (14%), e incluso de terceros países (5%). Estos porcentajes son todavía más sólidos si incluimos la opción de películas vistas “de vez en cuando”. De ser riguroso, este dato sería muy revelador acerca del gusto cinematográfico amplio que posee el público europeo.

Figura 5: Desglose por nacionalidades
 
Fuente: A Profile of Current and Future Audiovisual Audience (2014) 

Por qué vemos películas

            Dejo para el último lugar –en esta primera entrega– una pregunta que el informe recoge en sus primeras páginas. ¿Por qué nos gusta ver películas? Las respuestas más frecuentes revelan el poder mágico del cine como medio de evasión y entretenimiento, y también de conocimiento e intercambio cultural, así como su dimensión social (figura 6).

Figura 6: Por qué vemos películas o vamos al cine
 
Fuente: EAC Report 2013

Continuará…

            El informe desglosa cada uno de estos aspectos en sus variables socio-demográficas (sexo, edad y nivel educativo o económico), y en cada uno de los países incluidos. Todo ello constituye una primera parte. La segunda, se centra en la propuesta de ciertos perfiles de espectadores cinematográficos identificados según hábitos de consumo. A ello se une un exhaustivo estudio de las 100 películas más taquilleras en cada país, durante el período (2010-2012) y una serie de consideraciones finales. Dedicaremos los siguientes artículos a comentar varios de estos resultados, y recogeremos lo relativo al caso español.



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