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viernes, 18 de mayo de 2012

La industria del cine en España: cifras para la reflexión


En el imaginario colectivo nacional los términos “cine español” y “crisis” aparecen endémicamente asociados –y casi me atrevería decir que endogámicamente también: así somos–. El año 2010 pasó a la historia como un annus horribilis para nuestro cine y, aunque 2011 fue mejor en términos de cuota de mercado nacional, continuó con la tendencia descendiente. De ahí que no hayan dejado de sucederse debates, reuniones, comparecencias y anuncios –aceleradas por el cambio de gobierno– en un deseo de poner los fundamentos para una sólida base.
Todo intento de diagnóstico requiere cierta perspectiva. Por ese motivo, conviene repasar las cifras del cine en España a lo largo de la última década. Los gráficos siguientes recogen distintos indicadores de mercado y de la industria, que permiten observar y contextualizar mejor la evolución reciente Antes, me gustaría hacer algunas salvedades. En primer lugar, tanto el 2000 como el 2001 son años atípicos. Si el primero también pasó a la historia como otro año para olvidar (cifras que rompen la tendencia alcista de los años 90), 2001 acusa el efecto de Los otros. Así pues –y este es mi segunda apreciación–, considero más interesante valorar los resultados de cada año con respecto al promedio, y no tomar como referencia exclusiva el año inmediatamente anterior. En tercer lugar, casi todas las valoraciones se refieren al periodo 2000-2010, donde existen datos contrastados, aunque en algunos casos incluyo también el 2011 (con cifras provisionales). Por último, conviene reseñar que los datos hasta 2010 proceden del ICAA; las estimaciones del 2011 son en su mayor parte del Observatorio Audiovisual Europeo (EAO), con algún añadido propio; finalmente, las entradas per cápita provienen de MEDIA Salles.
Para empezar, si observamos la evolución de espectadores y de recaudación (gráficos 1 y 2), veremos una tendencia a la baja, más acusada en el primer caso que en el segundo, donde el ajuste al alza de los precios de entradas disimula el descenso de público. La evolución comparativa de los espectadores de películas extranjeras y españolas nos lleva a una primera reflexión: es cierto que existe un “divorcio” entre películas y público en el caso de nuestro cine, pero no resulta tan radical como a veces se interpreta. Tal y como refleja la gráfica 1, el descenso de espectadores en el caso de las películas extranjeras es notablemente más acusado que el de las películas españolas. Es cierto que hay años mejores y peores (normalmente, dependiendo de éxitos como Los otros, Mortadelo y Filemón, Torrente 2 o El orfanato) pero, proporcionalmente, se aprecia unos altibajos menos extremos en las cifras de nuestro cine que en el caso de las películas extranjeras (y, más en concreto, norteamericanas).



Todavía más llamativas –a mi juicio– son estas cifras de espectadores de cine español si se tiene en cuenta el importante descenso de entradas per cápita (gráfica 3) durante este periodo. España ha pasado de ser uno de los países de Europa Occidental donde más se va al cine, a situarse en una posición media-baja, por efecto de la crisis económica y de la piratería. En otras palabras, la caída de espectadores de cine español no parece haber ido a la par del descenso de visitas anuales al cine por habitante. El mercado cinematográfico está cada vez más constreñido, pero el público no renuncia a ver cine español. La nueva savia de guionistas, directores y productores tienen buena “culpa” de ello. Finalmente, las recaudaciones reflejan la misma tendencia que los espectadores, si bien –como se ha comentado– el aumento del precio de las entradas logra paliar el descenso de espectadores. De hecho, la entre 2000 y 2010, la recaudación de las películas extranjeras ha aumentado un 20,6%, y las españolas un 49,4%. La década 2000-2010 arroja un promedio de 18,2 millones de espectadores de cine español, a la que corresponde una recaudación de 91 millones de euros.
La visión anterior se completa con la evolución de la cuota de mercado por nacionales, recogida en el gráfico 4. El análisis comparativo nos permite apreciar cómo la evolución del caso español, siendo a todas luces mejorable, no resulta tan dramática como, por ejemplo, la del cine hollywoodiense. Mientras que éste ha descendido en un 14,8% su cuota de mercado en España entre 2000 y 2010, el cine español la ha mantenido en torno al 15%, con pequeños altibajos. (el promedio es de 14,3%). Cabe destacar también la fortaleza del cine europeo en nuestro país –somos uno de los países de Europa con mayor cuota de mercado de cine comunitario–.

Desde mi punto de vista, mucho más preocupante es la realidad que reflejan los gráficos 5 y 6 en relación a la cuota de mercado de nuestro cine. El primero de ellos, recoge del número de rodajes por año, junto al total de películas producidas (es decir, registradas en el ICAA como obras acabadas) y al número de estrenos anuales. Como se aprecia, el nivel de producción en España no se ajusta a las leyes del mercado (relación oferta-demanda). El aumento del número de películas que se ruedan o se completan cada año no se corresponde con el descenso prolongado del número de espectadores. En cuanto a los estrenos, mientras el número de películas estadounidenses ha descendido para ajustarse a la involución del mercado, los estrenos españoles (gráfico 5) han aumentado y se han estabilizado al alza (unos 135 anuales) para competir por un mercado limitado y que, de momento, no tiene visos de crecer. 

Por otro lado, también debe tenerse en cuenta la concentración de la taquilla de cine nacional: las 20 películas más taquilleras cada año suman entre el 70% y 80% de la recaudación del cine español; es decir, en torno a un centenar de estrenos españoles deben repartirse entre un 20% y un 30% restante.
Estos desajustes revelan el gran mal de nuestra industria: se produce más cine de lo que el mercado es capaz de asumir. ¿Por qué? Las razones son variadas, pero sin duda debe destacarse el efecto perverso de las ayudas públicas, que desfiguran la realidad del mercado. Es fácil concluir que muchas de las películas que se ruedan anualmente en nuestro país, nunca verán la luz en la gran pantalla –y podríamos añadir, aunque suene tajante, que nunca deberían haberse hecho–. Muchos profesionales abogan por poner un poco de cordura en medio de una desmesura semejante: producir anualmente menos películas, con más medios, y competir así en mejores condiciones. Ahora bien, ¿quién está dispuesto a apearse del tren de las subvenciones? ¿Qué director, productor o guionista quiere renunciar a intentarlo? ¿Cómo se equilibran los intereses comerciales y culturales?
Estas cifras “macro” necesitarían asimismo una visión “micro” más detallista, que matizara algunas de las cuestiones vistas. Por ejemplo, las diferencias que pueda haber entre largometrajes de ficción y documentales; qué se entiende por “una película española” o “con participación española” (Desde Ágora o Lo imposible hasta El reino de los cielos o Vicky, Cristina, Barcelona); cuántas películas con ayudas públicas no llegan a estrenarse; en qué medida ha crecido el prestigio internacional del cine y del talento español; cómo es la situación del sector de la producción y la distribución (fragmentación, concentración…); etc.
En cualquier caso, y por arrojar unas primeras conclusiones, habría que decir que el “problema” del cine español no está tanto en la mayor o menor aceptación del público –en mi opinión, creciente–, sino en la necesidad redimensionar la industria y reestructurar los mecanismos de apoyo a la producción y a la distribución: menor dependencia de ayudas públicas, mayor facilidad de inversión privada. Y, por supuesto, apostar por un tipo de cine que enganche al espectador.
Sobre estos y otros asuntos seguiremos hablaremos en el siguiente artículo.

© Alejandro Pardo, 2012. Quedan reservados todos los derechos. Puede reproducirse el contenido de este blog con permiso del autor.

lunes, 30 de abril de 2012

Implantación del Cine Digital en Europa


            El Observatorio Audiovisual Europeo (EAO) publicó hace escasos meses un estudio sobre la situación del cine digital en nuestro continente, titulado The European Digital Cinema Report: Understanding Cinema Roll-out (diciembre, 2011), elaborado en la colaboración con MEDIA Salles. Se trata del análisis más completo disponible hasta la fecha sobre la progresiva implantación del estándar digital en las salas de cine de los países europeos.
Según datos de MEDIA Salles, Europa alcanzó las 18.500 salas digitales en 2011 (frente a 10.338 en 2010), lo que supone ya el 52% del parque de salas. Se trata de un claro punto de inflexión: por primera vez, el estándar digital ha superado al analógico. Un total de 11 países europeos han alcanzado un índice de penetración de cine digital superior al 50%, con Noruega (97%), Luxemburgo (82%) y Bélgica a la cabeza (78%). Otros 15 países poseen un índice por debajo del 30% la mayoría de ellos, del Centro y del Este de Europa. España se sitúa entre estos últimos, con un 25% de penetración. Si nos fijamos en cambio en el número total de salas digitales, Francia lidera el ranking con más de 2.709 instaladas, seguida del Reino Unido (2.033), Alemania (1.900), Rumanía (1.179) e Italia (1.040). España figura en 6º lugar (1.022).
El cine digital parece haber entrado en una segunda fase de desarrollo, en la que el principal impulsor del crecimiento ya no son las proyecciones en 3D sino en 2D. Si entre 2009 y 2010 las salas 3D suponían el 90% de las nuevas instalaciones, en 2011 descendieron a un 35%. En cuanto a las nuevas salas 2D, han pasado de 710 en 2010 a 5.300 en 2011. Un análisis más pormenorizado del sector de la exhibición muestra claramente que los pequeños cines tienen serios problemas de conversión al sistema digital. A finales de 2010 solo el 11% de los cines monopantalla había dado el paso al estándar digital, mientras que en el caso de los multicines y megaplexes el porcentaje ascendía al 89%. Sin embargo, los cines monopantalla siguen representando un porcentaje sustancial del total de salas europeas (60%). Los países donde la implantación ha sido mayor (como en Noruega, Holanda, Francia o el Reino Unido) han contando con políticas específicas de fomento y apoyo. En otros casos (Bélgica y Portugal) la reconversión ha estado potenciada por los grandes circuitos de exhibición. Por otro lado, la mayor parte de instalaciones digitales se han llevado a cabo bajo el modelo económico del llamado Virtual Print Fee (canon por copia virtual).
En cuanto al porcentaje de estrenos digitales, Reino Unido lidera el ranking (75%), seguido de Portugal (66%), Rumanía (48%), Holanda (33%) y Francia (21%) –no hay datos sobre España–. Sin embargo, como este informe señala, existe todavía una notable escasez de títulos europeos disponibles en formato digital.
El coste de conversión al estándar digital es otro de las cuestiones a tener en cuenta. Según este estudio, los exhibidores deben pagar entre 75.000 y 170.000 euros por toda la operación (coste del proyector más gastos complementarios). Aunque cada vez el precio de los proyectores digitales (2k) es menor (35.000-70.000 euros), también lo es su vida útil (7-10 años). A esto habría que añadir la necesidad de renovarlos según avance el estándar de calidad (2k-4k-6k). Los fabricantes de proyectores ofrecen diversas fórmulas financieras (como el VPF o el leasing) para facilitar el acceso a estos equipos. Christie (45%), Barco (25%) y NEC (20%) son las marcas líderes en Europa.
Para finalizar, este informe recoge un interesante análisis comparativo entre los puntos positivos y negativos, para productores-distribuidores y exhibidores, de este proceso de conversión digital. Se resumen en la siguiente tabla:

            Si alguna cosa parece clara, más allá de las luces y sombras que este informe recoge, es que la reconversión digital del sector ya no tiene marcha atrás. Ahora nos corresponde dejar de lado la vieja mentalidad analógica y adquirir cuanto antes la digital.

© Alejandro Pardo, 2012. Quedan reservados todos los derechos. Puede reproducirse el contenido de este blog con permiso del autor.